Ser único. Ser feliz.

- Eso no es normal

- Lo sé. Pero, ¿quién quiere ser normal?

martes, 14 de junio de 2011

Asusntos serios en la guarderia :D. Bendita inocencia.

Hoy me he despertado con ganas de escribir. Pensarás que eso no es novedad alguna, pues escribir ya es parte de mi día a día, y que hoy tuviera más ganas de hacerlo no tiene nada de fascinante. Pero en realidad hoy no ha sido como los demás días, ni voy a escribir esta historia como he escrito todas las demás. Normalmente hasta que no me encuentro delante de una hoja en blanco no empiezo a ordenar mis pensamientos para plasmarlos en el papel. Casi siempre, me limito a buscar que quiero contar, y a partir de ahí la historia se escribe sola. Pero esta vez no va a ser así. Esta vez creo que no escribo, o al menos que no invento.
Esta mañana me he despertado y tenía un montón de imágenes en mi cabeza. Me invadía la sensación de haber estado toda la noche soñando algo muy intenso. He ido derechita hacia el salón tratando de recordar de que se trataba el sueño, y me he dado cuenta de que podía reconstruir la situación casi al completo sin problema. Parecía algo demasiado coherente para ser un sueño, porque nadie sueña días normales en los que todo lo que pasa podría ser perfectamente real. Así que he entrado en la cocina, y como cada mañana, me he puesto a hablar con mi madre. Cuando me he puesto a describir las personas que aparecían en el sueño, y que yo creía no conocer, mi madre me ha dicho que eso debía de ser un recuerdo, porque esas personas a las que había descrito se parecían bastante a mis amigos de la guardería. Me ha impactado mucho esta situación. Por esta razón, cuando he llegado a casa he pillado por banda un álbum de fotos de aquella época en la que he conseguido encontrar a gente que me resultaba familiar.
Haya sido sueño, o recuerdo me ha llamado mucho la atención que hoy se haya presentado en mi cabecita sin avisar. Que caprichosos son los recuerdos. un día aparecen tan nítidos que podrías describir hasta el más mínimo detalle algo que parecía estar borroso y olvidado en tu mente. Y en ocasiones se entrelazan entre si dando lugar a situaciones irreales en tus sueños.

En definitiva, no estoy segura de haber vivido en primera persona esta historia, ( principalmente porque de ser así tuvo que desarrollarse cuando sólo tenía dos añitos), pero aunque sólo sea que alguien la ha escrito en mi cabeza para que pueda contarla, voy a hacerlo. Espero que os inspire tanta ternura como me ha inspirado a mi ahora que he reconstruido todas las piezas del puzzle...


El escenario fue una guardería. Los protagonistas no sabían mucho de la vida, pero sí sabían como divertirse los dos juntos. No tenían ni idea en que consistían los “juegos de mayores” que provocaban que todos se quisieran parecer tanto, pero sí sabían como arreglárselas para jugar con la plastilina y las ceras o a ser un superhéroe con el abrigo a modo de capa. Debían de ser novios, porque en la guardería todo amigo importante se convierte automáticamente en tu novio, y no tienes ningún problema de proclamarlo a los cuatro vientos. Fuera como fuese, estaban haciendo un castillo de arena en el patio cuando se pusieron a hablar seriamente:

  • Este es nuestro castillo.- dijo él mientras amasaba bien la última torreta.
  • Tenemos que construirlo bien, bien para que algún día podamos vivir en él.
  • Yo soy el príncipe, así que supongo que si tu eres la princesa tendremos que casarnos.
  • Yo no puedo casarme.
  • ¿ Por qué? Tu eres mi novia. Los novios se casan. Además vamos a tener castillo y todo.
  • Ya lo sé pero yo he oido a mi mamá decir que sólo es bueno que me case cuando encuentre a “un hombre hecho y derecho” ,y no sé que es eso, pero creo que mi mamá me explicó que un chico que no tiene bigote nunca puede serlo.
  • Entonces, ¿ Cuando tenga bigote podrás casarte conmigo y podremos vivir aquí los dos juntos?¿ Crees que tu mamá se enfadaría si te casaras con un chico sin bigote?
  • Si. eso creo. Creo que eso es importante para ella. Aunque mi papá no tiene bigote, así que creo que después de que nos casemos podrás quitártelo.
  • Que cosas hay que hacer para ser mayor.



Llegó la hora de la merienda, y tuvieron que dejar su obra arquitectónica para después. Él no se lo pensó dos veces: cogió el vaso de leche, bebió un sorbo grande se giró y dijo:


  • Mírame. Ahora tengo bigotes de leche. Creo que ya soy “ un hombre hecho y derecho” así que podemos casarnos, y después ya podré quitarme el bigote.



Ojalá esa locura y esa ternura que teníamos no haya muerto y pueda salir a la luz cuando nos enamoremos. Ojalá.



Pauli.
4/03/11


martes, 7 de junio de 2011

Lo que ocurrió otra noche en el sillón rojo

El ambiente estaba cargado de impotencia, y las nubes se encendían rabiosas en el fuego del atardecer. Era viernes, hacía frío, y la tierra estaba mojada. Sus ojos no sabían si ella quería que ellos lloraran para hacerle un pulso a las nubes, o si lo que su corazón pedía realmente a gritos era chillar hasta quedarse ronca. Sin embargo, no lloró y no chilló. En contra de lo que ella misma había aconsejado tantas tardes de diciembre, se lo guardó todo dentro con las esperanzas de que aquella maraña de dolor no explotara haciéndole caer sobre esa tierra mojada. De repente no le importó lo más mínimo lo mojada que estuviera la hierba de esa cuestecilla que nace justo delante de la cristalera, así que decidió tumbarse en ella mojándose las medias, la falda, el pelo y las cejas. Quiso fundirse con esa hierba, desaparecer para siempre. Pensó que quizás esa falda verde que descansaba sobre sus caderas podría ayudarle a fundirse con el paisaje, a pasar desapercibida, a camuflarse y a pertenecer por un rato a la naturaleza. Dejó la mente lo más blanca que pudo, pero algo no le dejaba conseguirlo. Cansada de intentarlo decidió que un paseo en moto podría sentarle bien. Dio un paseo sin rumbo. El viento le daba fuerte en la cara. Siempre le había agobiado bajarse la visera, pero es que además aquel viernes lo último que necesitaba era sentirse encerrada. Aceleró lo más que pudo como si quisiera escapar de un perro rabioso. Sin embargo, nadie le perseguía, y en las calles inhóspitas de viernes por la noche sólo se encontraban su moto, su figura y su pena.
En mitad de una recta, sin apenas avisar, se le dibujó una media sonrisa. Como por arte de magia le vino a la cabeza una idea para transformar esa sonrisa en una sonrisa entera, y aunque lo más probable era que tan sólo fuera una locura, no pretendía demostrarle a nadie que estaba cuerda. Sabía perfectamente que sólo en el sillón rojo podría recuperar la otra parte de su sonrisa incompleta, así que se dirigió hacia allí con el rostro inundado por aquella mueca.



Cuando llegó, el sol todavía estaba bastante encima de la montaña, y los tonos anaranjados, rojos y morados pintaban el paisaje a su antojo. El sillón estaba húmedo, pero sólo era agua que se mezclaría con las gotitas que la hierba dejó previamente en su falda. Así que con su habitual falta de glamour se tumbó en él a observar con detenimiento la playa. No pudo evitar pensar en todo lo que él le había contado sobre aquel sillón y su vista, porque aquellas palabras calaron bastante en su alma. Quiso pues buscar una historia sobre la que escribir entre aquellas olas que chocaban bravas contra los barcos del puerto, y sin darse cuenta empezó a sonreír mientras el sol ya se marchaba. Aquel sol, y una luna tímida que apenas empezaba a dibujarse la hechizaron hasta tal punto que no advirtió que alguien llegaba por detrás. En realidad no supo que no estaba sola hasta que él le tapó los ojos pillándola por sorpresa. Supo que era él porque olía mucho a él, pero cuando iba a destaparle los ojos ella puso sus manos encima impidiéndole hacerlo. Él atónito y desconcertado por la situación comenzó a hablar:
  • ¿Qué hace una chica como tú en un sillón como este, empapada y queriendo tener los ojos tapados?
  • Necesitaba venir aquí. Necesitaba confiar que el sillón rojo podría hacerme desconectar . Pensaba que me habías dicho que podía venir aquí cuando quisiera, pero si quieres me marcho...
  • Shhh. Es sólo que si te tapo los ojos no vas a poder ver tu primer atardecer sentada en el sillón rojo.
  • Si te sientas conmigo, te dejo que me los destapes.
  • Claro, pero antes ¿no crees que deberías cambiarte de ropa? Estas empapada, y vas a ponerte mala. Voy a por una sudadera y te quitas al menos la camiseta, que en esta casa hay sudaderas lo suficientemente grandes para taparte enterita y que recuperes un poco la temperatura.
  • Ni hablar, tu te quedas aquí conmigo hasta que el sol quiera irse. Además tampoco tengo tanto frío.
  • Estas loca. Pero bueno, me quedaré hasta que se vaya.

Contemplaron el cielo en silencio unos cinco minutos hasta que el Sol comenzó a esconderse, fue entonces cuando ella comenzó a sentir que la ropa mojada comenzaba a hacer de las suyas. El chico le tocó las manos para comprobar su temperatura. Se dio cuenta de que estaba fría como un témpano y no pudo evitar ponerse serio. Dio un salto y se dirigió hacia su casa. Volvió enseguida con una sudadera y una toalla en una mano y una guitarra en la otra. Le dio la sudadera y la toalla y se sentó en el sillón a afinar la guitarra.

  • Toma. Puedes cambiarte en mi casa si lo prefieres.
  • No quiero molestar, es tarde. Me cambiaré aquí si prometes no mirar. Aunque de todas formas pensaba darme la vuelta.
  • Como quieras. Te prometo que intentare no mirar, aunque ya te he visto miles de veces en bikini.
  • Bueno, pero me pone nerviosa que se me queden mirando- decía mientras se daba la vuelta y se quitaba la camiseta.
  • ¿A sí?¿Te pone nerviosa? Entonces igual debería de mirar un poquito.. - decía mientras miraba de reojo- pero sólo para sacarte de quicio y esas cosas, que ya sabes tú que es una de mis aficiones.- Ella había acabado de secarse el pelo, y trataba por todos los medios de buscar las mangas de la sudadera para dejar su pecho desnudo el menor tiempo posible. Sin embargo, su amiga la torpeza convirtió aquella escena, que él miraba por encima del cuerpo de la guitarra, en una situación divertida de la que no pretendía perderse detalle. Al fin logró ponerse la sudadera, y se dio la vuelta rápido tratando de cazar la mirada indiscreta de él, pero no lo consiguió. Se sintió un poco confusa porque habría apostado el brazo a que al girarse se habría topado con su mirada infraganti, pero los reflejos de él le permitieron que diera la sensación de que llevaba todo ese tiempo afinando la guitarra. Él se dio cuenta, pero consideró que antes de hablar sobre ello debían hablar sobre otras cosas:
  • Oye señorita,¿por qué has venido aquí un viernes por la tarde? ¿Hay algo de lo que necesites hablar?
  • No era nada que el sillón rojo no pudiera solucionar, así que ya que lo he olvidado prefiero no hablar sobre ello.
  • ¿Estas segura? Aquí tienes un hombro sobre el que llorar, o un hombretón al que abrazar...
  • No quiero llorar más, porque si lo hago voy a secarme. Y respecto a ese abrazo del que me hablas, deberías de saber que para la chica que está sentada en este sillón éstos siempre son bien recibidos.

Estuvieron abrazados unos instantes saboreando el momento en los últimos instantes de aquel atardecer. Aquella situación era extrañamente agradable, sin embargo él se separó sorprendido por lo mucho que ella tiritaba:

  • Estas tiritando muchísimo. Tenías que haberte cambiado antes chiquilla. A veces me sorprende la intensidad con la que quieres vivir las cosas que te pasan por pequeñas que parezcan y sin pensar en las consecuencias, mientras que otras veces puedes tirarte una semana dándole vueltas a un mismo tema para tomar una maldita decisión insignificante.
  • No tirito sólo de frío.
  • ¿Se puede tiritar de más cosas?
  • ¿Quieres que te enseñe de que más se puede tiritar?
  • Por supuesto, me muero por saberlo- dijo con una mirada entre pícara y desafiante.
Ella decidida a ser una buena profesora , se dispuso a dar su clase práctica de sensaciones. Levantó la mirada y clavó sus ojos en los de él. A continuación se acercó despacio, y cuando estaba lo suficientemente cerca se remangó la sudadera y subió su mano por la espalda de él. Aquello tan sólo era una clase práctica de sensaciones, con el único propósito de transmitirle lo que ella había sentido al abrazarle, sin segundas intenciones camufladas. Sin embargo no era difícil adivinar que no era una casualidad que a ambos les encantara estar cerca del otro. Él tenía los ojos cerrados, ella exprimía la situación para contarle sin palabras como una corriente recorría a menudo su espina dorsal en ese tipo de momentos. Una vez llegó a su cuello se separó y se decidió a preguntar si había comprendido bien lo que ella quería transmitirle:
  • ¿Has sentido algo?
  • Me has puesto los pelos de punta. ¿ Cómo haces eso?
  • Parece mentira que me lo preguntes cuando hace unos instantes tu has hecho lo mismo conmigo.
  • ¿Y que narices quiere decir que podamos helarnos la sangre mútuamente con tan sólo un abrazo o un dedo que surca una espalda?
  • Supongo que sólo quiere decir que nunca me había abrazado ningún semimúsico con la guitarra en la mano, porque como ya sabrás los músicos son mi debilidad. Y respecto a ti, digamos que igual yo jugaba con ventaja porque tenía la mano tan fría que era difícil no conseguirlo.
  • No digas estupideces, sabes de sobra que...
  • Shhhh. No digas nada. Sólo quería sacarte de quicio. Ahora estamos empate.
  • Entonces...
  • Shhh entonces nada. Buenas noches. Mañana me iré pronto y ni te enterarás, pero ahora vete a tu cama.
  • Pero ¿qué dices?¿ Vas a quedarte aquí a dormir? Ni hablar, entremos dentro y te apaño una camita en un momento.
  • Esto no será lo mismo si no me quedo en el sillón rojo. Puedes pensar que estoy loca por querer dormir aquí en pleno mes de marzo, pero si hay algo que necesito esta noche es hacer lo que realmente quiero yo sin pensar lo más mínimo en lo que los demás esperan de mi. Así que como probablemente mi madre esté pensando que dondequiera que esté seré responsable, hoy he decidido que no quiero serlo. No es que quiera ir de rebelde para demostrarle a nadie que puedo serlo, es sólo que estoy harta de perderme cosas estupendas como una noche bajo la luna porque eso no esté permitido. Es que yo no le hago daño a nadie quedándome aquí, así que por favor déjame...
  • Shh- esta vez fue él quien le dejó con la palabra en la boca. Puso un dedo en vertical en sus labios y presionó lo que le impidió hablar. Después añadió: - Vale esta bien, esta bien. Pero no pensarás que voy a dejarte aquí sola para que mueras congelada ¿verdad? Mira, hacemos un trato. Si tu me dejas que me quedé aquí contigo, yo te juro que en esta noche sólo vas a hacer lo que te pidan las tripas. Ni mas ni menos. Tú dime que es lo que te apetece hacer, y lo hacemos sin más. Sin que importe lo que nadie espere de ti. Ni siquiera yo. Te juro que esta noche va a ser sólo del semimúsico y la mujercita desastrosa.
  • Esta bien. Entonces, enséñame a tocar la guitarra.
  • Eso está hecho pequeña.


Aquella noche ella aprendió algún que otro acorde, pero también aprendió que los ojos de él eran más brillantes desde el sillón rojo, y que sobre todo él debía de tener un superpoder por el cuál no pensó en aquella pena que tanto le atormentaba hacía tan sólo unas horas ni una sola vez. Él por su parte descubrió que la sangre helada le volvía loco, y que al fin y al cabo todo ese rollo de construir las cosas despacito y con buena letra merecía la pena si por el camino se iban descubriendo tanto los defectos como las virtudes. Ella se durmió antes, y mientras tanto él entre bostezos recordaba la imagen de la figura de aquella chiquilla que tenía ahora sobre el pecho luchando por ponerse la sudadera. Pensó también en la cara de tristeza que se le había puesto cuando había tratado de pillarlo observándola, y en lo mucho que le gustaba sacarle de quicio. Después cerró los ojos y calló exhausto.
Ala mañana siguiente ella se despertó por la luz, y se dio cuenta de que él había ido a por una manta. Trató de levantarse sin despertarlo, pero aunque ella creyó que lo había conseguido, en realidad él se despertó en el mismo momento en el que ella se levantó del sillón. Ella volvió a cambiarse en silencio. Y cuando se disponía a marcharse, él trató de impedírselo:
  • Espera- dijo cogiéndola de la mano.- Quédate un rato más y así desayunas aquí
  • Gracias, pero tengo que ir a descolocar un poco las cosas para que cuando se despierten mis padres piensen que realmente he dormido allí. Sino van a sospechar de tanto orden- le sonrió.
  • Pero bueno, ¿no fuiste tú la que anoche decía que daba igual lo que otros esperaran de ti? Vamos quédate, te saco aquí el desayuno. Así serás la primera chica del mundo que ha desayunado en un sillón rojo en primera línea de pantano.-llevaba unos vaqueros desgastados, unas converse y el pelo algo revuelto de no haberse peinado todavía, cosa que de cierta manera le atraía.
  • Es tentador, pero este sillón ya ha sufrido demasiadas emociones. Nos vemos luego.- se acercó y le dio un beso en la mejilla. Después se alejó con aires de muchacha mañanera dejando a ese pobre semimúscio algo confuso.


Pauli
16/marzo/2011
pd: ese sillón es la clave.
Pd2: no sé escribir, no tengo ni idea de literatura, tan solo juego a quitarme la armadura. (fito)


hoy dia 7 de junio pienso en el sillón rojo


domingo, 5 de junio de 2011

Capítulo 10: He guardado un beso que dejaste olvidado.

Me encontré un beso tuyo en la calle tirado. Estaba muy triste, hambriento y tiritando. Al ver que era un beso de los que se atreven a ser besos de verdad lo he guardado. Y aunque no sé muy bien para quien era, si sé que estaba abandonado.
No he conseguido sacarle palabra alguna, nada me ha contado. Así que en una caja con un lazo lo he dejado. Esperaba que lo echaras de menos, que algo me hubieras contado. Pero aquellos dias en los que disfrutabamos estando juntos se han largado.




Diciembre a su mitad ya casi ha llegado, y tu todavia no te has pispado. No me gusta la monotonía por si no te has enterado. Y es que es en invierno cuando más me apetece el helado, no me gusta lo que hace la gente por sentirse apoyado. Me gustan las personas que eligen por su lado, las que crean, las que sorprenden, las que no por el pensamiento mayoritario han cambiado. Me encanta que se cambien las reglas siempre y cando a un acuerdo se ha llegado, y tu te empeñas en jugar al escondite, pero creo que te he encontrado.
Usaré ese beso que está en una caja guardado, como si fuera un rehén hasta que me expliques por qué te has empeñado, en seguir a la gente como si nunca hubieras pensado. Que yo se que eres diferente, que alguna vez me lo has demostrado, improvisa como hacías siempre, aunque creas que nunca ha funcionado.
Un día de estos te va a tocar explicarme lo que nunca me has explicado, ¿qué son para ti los besos? Don abandono besos y me largo. Me quedan muchas preguntas que hacerte, esto de conocerse va para largo.

¿Sabes una cosa?, llevo un tiempo investigando, y creo que he dado con el problema de los amores efímeros y los besos por encargo:
Esta claro que ya nadie espera príncipes azules, esos ya estan enterrados, nadie cree en cuentos de hadas, los finales felices están olvidados. Ese no es el problema, me parece normal que nadie crea que existen los palacios, pero siguen ahí las falsas expectativas por culpa principalmente de todo lo idealizado.
Que todas se piensan que todos son Georges Clooneys con cafés en la mano, O que todos se piensan que todas son Scarlets Johansons con un jet privado...

Nadie se entera de mucho...
Eso no existe...

Nuestra sociedad hace que pensemos continuamente en lo superficial y lo material como los dos valores más importantes para todo, y que de esta forma olvidemos lo importante que son las pequeñas cosas que cada día nos hacen sonreir y que aunque nos empeñemos no tienen nada que ver ni con la perfección del culo ni con el dinero despilfarrado. Tienen que ver con el grado de asombro que te provocan.
¿Por qué te empeñas en hacer un plan si sabes que siempre sale mal?
...Paula.
Cuanta reflexión propia

Pd: los capítulos de besos los escrbí allá por diciembre, así que no es extraño que no coincidan con los sentmientos que me invaden en pleno junio. No obstante, los besos siguen siendo algo intrigante, sólo que ahora lo que escribo tiene más sabor a verano :D

jueves, 2 de junio de 2011

Vistas del lago y un sillón rojo.

Pusieron un sillón encima de una roca para poder contemplar el lago. Si eso es, un sillón de esos que aparecen algunos sábados por generación espontánea entre las sospechosas cosas que ellos coleccionan. Por alguna extraña razón nunca nadie había querido sentarse en él durante los meses que había estado dentro, así que decidieron que a lo mejor esto se debía a que en realidad ese extraño sillón siempre había estado destinado a formar parte de su nuevo porche privado.
Decidieron por tanto que, la inauguración del ya oficial lugar por excelencia de las noches de verano, era la excusa perfecta para tener algo que celebrar aquella noche de sábado. Así que a pesar de que era marzo, todos accedieron a que esa noche tocaba beber para celebrar que oficialmente tenían un nuevo salón propio. Es verdad que en realidad sólo era un sillón medio destartalado que debía de tener más años que la roca en la que estaba situada, y también es verdad que a ninguno le importaba demasiado la razón por la que bebían, pero en realidad aquella noche ninguno se planteó demasiado nada entorno a aquel sillón rojo que se encontraba coronando una roca justo en primera línea de pantano. Emborracharse era el principal propósito de casi todos los invitados de aquella inauguración. Unos pensaban en como el ron les permitiría olvidar aquella rutinaria semana que ya dejaban atrás, mientras otros bebían vodka para conseguir soltarse rápidamente y conseguir entrarle a alguna que estuviera dispuesta. Unos se dedicaban a beber lo más posible para olvidar algo de lo que mucho no se acordaban, mientras otros guitarra en mano le cantaban a la luna un par de estrofas que habían surgido entre copas y cigarros. Unos ya habían dejado de saber lo que hacían desde hacía tres copas y se dedicaban a hacer carreras y a hacer la croqueta por la hierba, mientras otros habían querido fiesta, pero no habían querido copas, y se disponían en el homenajeado sofá tarareando alguna cancioncilla y discutiendo sobre lo que ellos siempre discutían.
En un momento dado, las nubes decidieron que ya era hora de dejar que la Luna saliera de su escondite, y como por arte de magia desaparecieron. El grupito del sillón llevaba un rato haciendo filosofía, pero algo era diferente al resto de los sábados: ella no había abierto la boca para refutar nada. En el sillón sabían que eso era un síntoma de que algo no demasiado bueno le había pasado a la mujer de la contracorriente, porque aunque todos sabían que no para cualquier cosa era de palabra fácil, los temas que en aquel sillón se habían tratado eran de los que ella a menudo defendía con uñas y dientes. A él se le ocurrió una idea, y con un disimulado gesto les dio a entender a los demás que él se encargaba de sacarle las cosquillas, dibujarle una sonrisa, o lo que fuera que ella aquella noche de marzo necesitaba. Los demás se fueron respaldados por un puñado de escusas baratas, pero a las que ella no prestó ni la mas mínima atención, y se quedaron ellos dos solos en aquel sillón rojo desde el que se veía sin demasiado esfuerzo el reflejo de la Luna en el agua de ese lago. Alguien tenía que romper el hielo, apunto estaba él de hacerlo cuando ella comenzó a hablar:

  • ¿Qué tal estas?
  • Sabes de sobra que no les he pedido que se vayan para hablar de mi. Yo estoy bien, pero tu me preocupas. Llevas una hora mirando al infinito, y por más que hemos sacado temas de esos que tanto te gusta debatir, no hemos conseguido arrancarte palabra.

De fondo se oyó un grillo, pero ella permaneció en silencio.

  • Esta bien, si no quieres hablar de eso hablemos de otras cosas. ¿Quieres saber que pensé cuando trajimos este sillón aquí?
  • ¿Qué sería útil para ver la lluvia de estrellas fugaces en la noche de San Juan?
  • No era eso, pero tomo nota. Pensé que este sillón aquí puesto era como muy para ti.
  • ¿Por lo desastre que es? ¿O porque no tiene demasiado sentido poner un sillón en una roca?
  • Porque aquí estás tan alto que puedes tocar las nubes sólo estirando el brazo. O si ves que no hay nubes y que es una noche clara también puedes probar a encender y apagar estrellas. Siempre que te apetezca puedes venir aquí a mirar a los esquiadores, o simplemente a encontrar en cada reflejo del agua una historia que contar ¿Qué me dices? ¿No es este un lugar que parece hecho a tu medida? ¿No es verdad que siempre has querido tocar una nube para demostrar que las cosas que otros creen imposibles no lo son?
  • Gracias, de verdad.
  • Mírame.
  • ¿Qué?
  • Ya se que es lo que te pasa, lo leo en tus ojos.



Ella,simulando creer que con sus ojos cerrados él no iba a poder leer lo que le preocupaba,como si de repente quisiera aparentar que era como una niña de tres años que piensa que debajo de la sábana está a salvo , cerró los ojos.

  • No importa, ya lo he leído. Y sinceramente no puedo entender que estés así de triste porque pienses que eres rara, extraña o incluso inferior.
  • No quiero hablar sobre ello, ya te he dicho muchas veces que mi visión de mi misma no es algo que pueda cambiar.
  • Pues yo si que quiero hablar sobre ello, y me vas a escuchar porque es muy importante esto que voy a decirte.
  • No es tan importante quererse a uno mismo...
  • En eso te equivocas. No podrás amar hasta que no te ames a ti mismo. Y sé que esto suena a lo que siempre se dice, pero mírame porque sé de que hablo.-hizo una pausa.
    Una vez que ella le miró prosiguió.
  • La mayoría de las veces las historias de amor son muy artificiales, y de eso no hace falta que te diga nada porque has sido precisamente tú quien me lo ha enseñado, lo que no te has parado a pensar demasiado es en las posibles causas, y yo veo que alrededor de tu falta de autoestima florece una que a la larga puede provocarte desamores. - él ya había conseguido que la mirada de ella fuese atenta, y hizo otra pausa para disfrutar unos instantes de la Luna reflejada en sus ojos- Me explico. Tú casi siempre atribuyes las mismas causas al problema, pero se te escapa una que es esencial. En muchas ocasiones no hay amor porque uno, o los dos se preocupan más por ser dignos de ser amados que por disfrutar de la relación. A menudo muchas personas que, influidas por en inminente pesimismo que se cuece en nuestra sociedad, no se valoran en absoluto a sí mismas, no logran entender como alguien ve algo en ellas. Sé de sobra que a ti esto te pasa. Tu no te quieres, y por eso te choca tanto que otros si lo hagan. En estas situaciones el problema está en que al final las personas se esfuerzan tanto por ser alguien digno de ser querido, que al final dejan de ser ellas mismas. Es entonces cuando la relación se enfría, y acaba por terminarse cuando se dan cuenta de que no hay amor entre ellos. Pero en realidad se equivocan porque los dos se mueren respectivamente por el otro, pero se odian a sí mismos por no haber sido suficiente para el ser amado. Esto me está quedando un poco cursi, pero es así. Sinceramente creo que esa idea de sorprender al otro es algo que tenemos que “desaprender” y lo que tenemos que meternos en la cabeza de una vez es que en realidad lo que nos hace especiales suele ser justo lo que no nos gusta de nosotros. ¿Sabes? Es una pena que no puedas ver que todo lo que veo desde este sillón rojo me recuerde tanto a ti porque es imprevisible, porque es estupendo, y relajante. Si eso es, esa es la palabra que andaba buscando. Para mi eres una luchadora nata, pero reservada al mismo tiempo; tienes muchos sueños, pero te da miedo intentar cumplirlos en el presente, y esto es porque te sientes fuera de lugar, como si fueras una pieza de puzzle que no encaja con ninguna pieza, pero a mi lo que me parece es que en realidad no somos piezas ninguno, y no hay que encajar, simplemente hay que mostrarse tal y como se es, y tu lo haces siempre,aunque no muy a menudo, en tus discursitos sobre el amor y la felicidad, pero además de todo eso eres relajante. A mi me relaja saber que queda gente como tú. Gente que no está dispuesta a conformarse, que piensa diferente, que quiere ser feliz, pero que no esta dispuesta a seguir la receta que le han dado porque lo suyo es la improvisación.
    Ella no pudo mantener más la mirada y se lanzó a sus brazos abrazándole efusivamente. Algo en su interior tenía ganas de llorar y de reír al mismo tiempo, pero en lugar de eso le estrujó con fuerza hacia sí. El sillón rojo fue testigo de un abrazo bastante duradero que parecía firmar los inicios de una fuerte, e inseparable amistad, o incluso de un incipiente amor a largo plazo. Sin embargo, poco pensó ella en eso, el tiempo ya diría hacia donde desembocaría todo aquello. Él se separó. Parecía que aún tenía algo que decir:
  • Al final no me has dejado decirte eso tan importante que te dije al principio.
  • ¿Qué es? Dímelo
  • Recuerda siempre que nadie en todo el mundo, nadie, sabe ser tú mejor que tú. Y sé que eso está en la línea de lo que tú escribes sobre la manía de ser fotocopias hoy en día, pero no lo digo por eso. Lo digo porque nadie podrá nunca recordarme tanto a esto que veo ahora mismo, y porque me encanta que no seas nadie más que tú.



Pauli

PD: piénsalo. Eres único/a
PD2: a lo mejor hay mas entregas del sillón rojo.
esto lo escribí el 10/ marzo / 11


muerde la vida

HAIRCUT from MAMMOTH on Vimeo.