Ser único. Ser feliz.

- Eso no es normal

- Lo sé. Pero, ¿quién quiere ser normal?

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domingo, 17 de febrero de 2013

Salvavidas y a volar



Que todavía sabíamos a mar pese a las cosas que tiene la vida.Que ese sabor y ese saber no se me van con nada por más que froto y más que des-aprendo.Que si sé amar es en parte por tu culpa, pero que de poco más que de lágrimas fue el mar que compatimos al final.Y que duele, y que pesa y que araña y que no nos enfrentamos a nosotros mismos quizás por miedo a amar o quizás por no saber vivir con la mar en calma.

Admite que tú y yo siempre la mar brava. Siempre como si el mar se nos tragara si no pusiésemos todo lo que teníamos que poner para ser piratas luchando en el amar y en el amor. Meses de humedad y de huesos calados de verdades a medias. Los besos cada vez menos convincentes y el amor en decadencia,pero las medias como estilo de vida, eso sí.

Fue tormenta sin calma en el sofá, en la cocina,en la cama, y yo empeñada en ver que no llovía dentro de ti. Que el amor resiste más de lo que dura porque por más cabos sueltos que se encuentran tirados por el barco cuando se está a la deriva el miedo al naufragio deduce tierra a la vista en cualquier brillo en el horizonte.
Algunas veces pensaba que nos retábamos a duelo, pero en realidad me dolías y lo sabes. Yo lo permitía, y remaba, y te decía que perdonaba todo ese jodido dolor que me impedía nadar, y volar, y reir. Éramos grumetes cada vez más ahogados de tanto sol y tanta sal resbalando por los labios y por las mejillas. Resumiendo: El amor en metamorfosis y la mar estampándome fuerte contra las rocas de la orilla eran los ingredientes de una tortilla a la que tú no le echabas huevos ni aún cuando prometías que los traerías contigo la próxima vez.

Hubiera besado tu ingenio a distintas velocidades, pero tantos cañonazos acabaron por herirme prácticamente de muerte y así no. Así no me pidas que ignore el salvavidas que me tira ese barco que quiere curarme. Entiéndelo. Tú me hundes y él me mira y me dice que el dolor y el amor no deben de ser sinónimos en ningún caso. Así que hubo una vez, y otra, y otra, y otra hasta que dejó de haberlas y entonces te rendiste.

Sabíamos amar, pero el mundo se volvió peligroso para mí y además acabaste infectándome con tu jodida indiferencia. Que sepas que no me hundo más, que en el fondo de los pozos se encuentran las sonrisas más bonitas y pienso hacerlo. De aquí al cielo. A volar. Procura cuidarte, y recuerda que siempre serás el abrazo de mi vida.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Agarrándole la cabeza hace suyo ese cuello de cereza.


Ellos dos apagan la luz y encienden las ganas.
Locura, desenfreno, juventud: amor sin canas.

Se miran aunque no se ven,
se respiran y abrazados rien
tratando de no caer.

Ambos cuidan que sólo caiga aquello que les viste,
y él exhausto insiste en seguir siendo el dueño
de ese resuello que prefiere sentir a respirar.


Ella se marea, vacila y se recrea en la sensación
de frío y calor al mismo tiempo.
Cualquiera diría que está tiritando en pleno agosto,
por todo lo que tiembla su cuerpo.

Él susurra y acelera,
sonríe, baja la cremallera
o la sube para jugar.

Y ella desarmada le mira a la cara,
le besa en los labios y adicta a esos besos
y semidesnuda le da otra calada.


Instante de sudor, saliva y porcelana.
Metal, piel y ventana de la que llegan
las luces del garaje o del portal.

Está tensa o relajada, pero en su red.
Piensa mientras nada apoyada en la pared:

“Se atreve a rozar la barrera del seis,
mi número preferido.
Sutil, insistente y delirante
juega a escuchar el número del diablo en su oido.”




sábado, 14 de abril de 2012

Alguien que te haga ser incoherente

Rara. Por mucho que me digas otras palabras que suenen más bonitas soy rara. No me considero especial ni diferente, sólo rara. Aunque la verdad a mi me gusta más llamarme extraterrestre o perro verde (palabras muy de mi repertorio) porque rara suena muy poco raro.
Algunas veces me parece que alguien consigue verle los tres pies al gato que dicen que busco incansablemente en mis reflexiones, pero en realidad a mi me parece que algunas veces lo mío es más buscarle tres gatos al pie. No es una frase hecha, es simplemente que nunca se me dará bien explicarte por qué odio todo lo previsible y lo monótono, pero al mismo tiempo me caracterizo por ser introvertida. Quizás es que no me parece que mucha gente pueda, o quiera entenderme, principalmente porque ya tienen bastante con escucharse a ellos mismos como para andar escuchando las propuestas de una chica a la que le da por escribir todo lo que se le pasa por la cabeza. Es probable que mi inminente introversión resida ahí: prefiero tomarme mi tiempo en encontrar a una persona auténtica, que llenar mis días de un trillón de cosas efímeras cuyo efecto cada día dura menos.
...

Ayer escribí una historia para ti. Si para ti. Para ti que lees esto y te preguntas quien me inspira. Me inspiras tu con tu vida ordenada. Me inspiras tu con tus patrones establecidos. Me inspiran tus ganas de enterrar todas las preguntas que no encajan con lo que algunos esperan de ti. Me inspiran tus miedos y tus inseguridades porque son las mías, y me inspira que algunas veces te pares y te preguntes ¿cómo puedo llegar a ser feliz?
Si necesitas que alguien te desordene un poco la vida ya estoy yo aquí, que si hay algo que me caracteriza es precisamente eso: el orden desordenado. Así que aquí esta la historia que apareció el otro día por casualidad entre mis pensamientos. Es para ti si llevas una temporada haciendo autostop sólo para escapar de la asfixiante monotonía.




(Si tu razón no saca a pasear a tu corazón, si actúas casi de manera robótica y milimetrada, si no arriesgas y no te dejas llevar, perdona que te diga :eso no es amor. ¿Y qué es amor? Si encuentras a alguien que te haga ser incoherente quizás te topes con él :) Nada de búsquedas desesperadas, ni de cuentos de hadas. Vive a lo loco y sed "dos cuerdos que juntos se vuelven locos", sed felices sin necesidad de proclamarlo. :) (:




        ¿Puedes decirme por qué te enfadas?
        ¿Enfadado yo? Simplemente no entiendo nada. Me parece que en vez de tratar de que salgas conmigo cada vez que hablamos acabo intentando que me expliques algo así como un problema de física que no soy capaz de entender. Y sinceramente, ya me estoy hartando. A mi me importa un pepino la física, yo solo quiero que me digas de una vez que necesitas para darme una oportunidad, porque yo quiero algo contigo. Me gustas, y no soporto tener que resolver ecuaciones, sistemas y logaritmos cada vez que me dices como podría haber una mínima posibilidad...
        Es que yo no puedo hacer nada por enamorarme, simplemente tiene que ser que tu pasito a pasito descubras como soy, y que cuando realmente sepas quien soy, si sigues creyendo que soy para ti simplemente te saldrá luchar por nosotros. Todo esto no es una receta infalible. Yo no puedo decirte qué puedes hacer para que yo me enamore locamente de ti. Sólo puedo decirte que te empeñas en preguntarme  un montón de cosas que no tiene sentido que me preguntes. Esta bien que hablemos, pero es que las palabras no sirven de nada en muchas ocasiones. Cuando sientas que no tienes nada que decirme puede que lo entiendas...
        Pero es que yo no sé actuar para enamorarte, yo no sé que decirte porque siempre estoy cagado por la respuesta filosófica que me darás, y en el fondo yo no quiero decirte nada, sólo quiero estar contigo.
        Escucha una cosa: el verdadero romanticismo no se esconde detrás de un puñado de flores, una caja de bombones, un par de frasecitas que no significan nada y que suenan excesivamente empalagosas y un paseo bajo la luna. Ninguna de estas cosas valen nada sin alguien que te haga ser incoherente.
        Te quiero.
        Justo eso es incoherente. - dijo acercándose lentamente.
El corazón de él aceleró bruscamente. Parecía que estaban a punto de llegar al famoso punto de no retorno por el que es famosa la lujuria. Así si más. Sin embargo alguién le llamó y se vio en la obligación de separarse de ella. Salió de la habitación con desgana y puso cara de que no quería que ella olvidara que tenían algo pendiente. Él pensó que su madre no podía ser más inoportuna, pero al instante se dio cuenta de que precisamente a partir de hechos inesperados es de lo que se forja un gran momento. Volvió fatigado. Como si hubiera vuelto corriendo para que ella no cambiara de idea. Ella estaba recostada en el sofá jugueteando como de costumbre con su anillo de la mano derecha. Tras un silencio que él quería convertir en el inevitable beso, ella añadió:
        El verdadero romanticismo es alguien que te empuje a hacer todas aquellas cosas que nunca te creíste capaz de hacer. Alguien que se de cuenta de quien eres y que arrase de un plumazo tus falsos principios, tus yo nunca, tus yo parezco y tus yo que va.
        ¿Tus crees? Pues puede que no lo esté haciendo tan mal, porque apostaría a que tu y yo juntos era uno de tus “yo nunca”.
        Cállate idiota.
        Cállame tu.





Digamos que el final de la historia se lo dejo a tu imaginación. Aunque puedo asegurarte que los dos se quedaron muy calladitos.

Pauli

17/02/11

… de como la clave está en buscar el momento en el que no hay palabras que valgan.

domingo, 11 de marzo de 2012

Nada de facilidades: Solo dificultan las cosas.

– ¿Por qué tiene que ser todo tan difícil?
 ¿Difícil? Yo no veo nada aquí que sea difícil.
 Perdona, quería decir ¿Por qué lo pones todo tan difícil?
Porque las facilidades sólo dificultan las cosas
¿Qué quieres decir? Eso no tiene sentido alguno.
 Siempre que nos ponen algo en bandeja nos emocionamos y pensamos que ya está todo hecho. Si a ti te ponen un canapé en las narices te lo comes, en cambio si alguien juega contigo a descubrir cuál es tu canapé preferido, y después te lo pide, lo disfrutarás más. Aunque sea el mismo canapé, en el mismo sitio, incluso con la misma compañía, el canapé te sabrá mejor si se te ha ido abriendo el apetito mientras  alguien te enseña lo mucho te conoce.
 Pero algunas veces es mucho mejor ir al grano. Lo fácil siempre es fácil y no hay más tu tía. De verdad, tienes que dejar de pensártelo todo tanto, si quieres que nos besemos deja de hacer un análisis a fondo sobre la situación, las consecuencias y la repercusión que tendrá en el pasado, el presente y el futuro...
Te equivocas. Yo no pienso nada de eso. Aunque a ti no te lo parezca yo ya tengo todo claro, eres tu quien se lo está pensando, porque cuando yo te lo pongo difícil huyes. Sabes que has ido a lo fácil y te preocupa que eso haga que yo te rechace. Deja de pensar que es lo más probable que pase... - Dijo mientras se tumbaba en el suelo del bar.
 ¿Qué haces ahí tumbada? Todo el mundo va a pensar que te pasa algo.
Estoy pensando.
¿Y no puedes pensar de pie? ¿O sentada en la silla como todo el mundo?
Estoy enseñándote lo que hago yo cuando necesito verlo todo desde un punto de vista diferente.
Pensaré tumbado donde nadie pueda mirarme.
 No lo harás. Puede que te tumbes, incluso llegarás a pensar en algo, pero no conseguirás ver nada de lo que te digo. Para ver todo con otros ojos lo primero que hay que hacer es olvidarse de todo aquello que se supone que hay que hacer, de todo lo imposible y lo improbable. Hay que olvidarse de que se está siendo observado, juzgado o criticado para concentrarse en el punto de vista de algo ciego. Ese algo que no ve, pero que siente, ese algo que no entiende de normas,y que sabe exactamente que es lo que te hará feliz. Eso que bombea sangre por tu cuerpo y se acelera cuando menos te lo esperas. Eso que te permite hacer locuras y que aniquila la razón en busca de la felicidad...









Ella seguía hablando, y él ya se había tumbado en el suelo con ella. Los manteles les cubrían, y un camarero no lograba comprender como la tierra podía haberse tragado a esos dos jóvenes a los que estaba a punto de atender. No obstante sentó rápidamente a otra parejita en la mesa sin percatarse de que ellos dos seguían bajo el mantel:
Ese al que tu llamas corazón es quien te ha guiado para que acabemos debajo de una mesa. Estoy segura de que nunca se te habría pasado por la cabeza esta situación...
 Eso a lo que yo llamo corazón ha pisado el acelerador desde que estás tan cerca.
 Esto es a lo que me refería. Era muy difícil que hoy acabásemos debajo de una mesa y viéndoles las bragas a esta pobre chica. Sin embargo, nunca había sido tan fácil que nos besáramos...

Él pensó que el momento  había llegado, y que ella se lo estaba pidiendo a gritos, sin embargo ella interrumpió ese silencio que parecía preceder a ese beso.

¿No es así mucho más emocionante? Todo esto me recuerda a cuando era pequeña y ponía una sábana sobre la mesa del salón y me tiraba horas jugando con mi hermano a que éramos náufragos y podíamos disfrutar sin normas de nuestra isla desierta. Sé que esto se parece más al suelo de un bar que a la playa de una isla, pero yo si que creo que aquí debajo no sientes el miedo a ser juzgado por la sociedad. Aquí no te importa no seguir la norma, y te muestras tu mismo tal y como eres. ¿Y sabes una cosa? Por fin he demostrado mi teoría de que eres especial, de que sólo intentas parecerte a los demás porque eso es teóricamente lo más atractivo. Sin embargo, ahora estaría dispuesta a dejarte que te acercaras si no fuera porque esto no es una isla desierta...
Si que lo es. Lo que pasa es que se te está gastando el poder de verlo todo desde otro punto de vista.
Dejaré que me beses cuando...
Cuando no te deje hablar ni un segundo más, porque no hay nada que decir. Estamos en una isla y aquí la única norma es seguir a esa cosita ciega que tenemos dentro y que se acelera cuando a ti me acerco.


Se quedaron bastante tiempo tumbados bajo la mesa. Se dejaron llevar por las olas de su isla, y cuando decidieron salir la única explicación que dieron a la parejita indignada fue “ Esta es nuestra isla. Aunque parezca complicado de entender, en ella todo es mucho más fácil”


Pauli.
Hoy: 11 de el mes que va después de ese que es tan original.
Creo que es marzo. Pero nada de facilidades.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Si fuera esto una película, estaríamos hechos al agrado del público

El patio de butacas estaba a rebosar, pero aún quedaban quince minutos para que comenzara la actuación. Como buenos españoles que éramos la mayoría de los allí presentes, teníamos escandalizados a una pareja de suecos con nuestro nivel de ruido. Cada cual gritaba más alto que el de al lado. Y los nervios estaban a flor de piel en aquella noche en la que debutaba mi amiga en un teatro de Madrid.
Desde el instante en el que supe que  para ella significaba mucho todo aquello, no dudé en organizar toda mi agenda en torno a aquel acontecimiento. Era una de mis prioridades estar presente el día en el que ella cumplió uno de sus más ansiados sueños, porque se mire como se mire, no se puede presumir de una amiga actriz todos los días.


Fui al teatro sola, eso sí. Aunque estuve a punto de ceder ante la insistencia de esa aspirante a actriz tan pesada que yo tenía por amiga, que me aconsejaba que abandonara el orgullo e invitara a ese tipo que me había robado el corazón una vez. Pero finalmente no le llamé. Quise convencerme a mí misma que ya no le echaba de menos. Y ante los reproches de mi amiga, argumenté a mi favor que  de invitarle a él tendría que haber invitado también a ese delirante encanto del que nunca se separa, y  mi enconomía ya no daba para comprar tres entradas. Ante estas escusas baratas, ella me puso pucheritos, y como se le da tan bien actuar, improvisó  el típico sermón que dan las madres, por el hecho de ser madres, para que sus hijos entren en razón:

-     Me pones de los nervios intentando evitar lo que sientes. Tienes que afrontar la realidad. Tirarte a la piscina como solías hacer. No permitiré que te quedes mirando desde el bordillo cuando sabes que él ha vuelto a nadar ,y sólo quiere hacerlo contigo. ¿Qué te cuesta llamarle? Ni siquiera tendréis que hablar porque estaréis viéndome hacer el ridículo...
    +   ¿ Tengo que recordarte que él dijo que ahí acababa todo? Yo terminé con lo nuestro, pero él fue quien, mirándome a los ojos, me dio a entender que ya no sentía nada. Parece que no recuerdas que, a pesar de que salieron esas palabras de su boca, yo no quise asumirlo y seguí atontada por su culpa durante meses. Por aquel entonces, me decías que tenía que olvidar, que no había otra solución. No puedes hacerme creer ahora que él quiere verme.
-  Yo no te tengo que hacer creer nada. Yo sólo te digo que  la vuestra es una historia de amor de dos auténticos cobardicas. No hacéis otra cosa que esconder lo que sentís y sinceraros conmigo. Si alguno de los dos fuera valiente, no estaríais ambos como tontos ideando formas de que yo os hable del otro. Erais felices juntos, eso se veía a la legua. Pero siempre os ha encantado complicaros la vida por miedo a enamoraros.
+ ¿ Enamorarnos? Eso son palabras mayores. No te voy a negar que le echo de menos, aunque duela tanto admitirlo. Pero, en cualquier caso, fue él quien dijo la última palabra. No entenderá nada si le invito al teatro.
- No soporto cuando sacas tu razón por encima del corazón. El invierno y la rutina te tienen desentrenada en eso de improvisar y guiarte por los impulsos. Intentas mantener la cabeza fría a toda costa, querida. Pero tanto tú como yo sabemos que no es posible mantener la cabeza fría mientras el corazón arde. Y yo, como narrador omnisciente que todo lo sabe y controla entre los dos, te digo que si algo hacen vuestros respectivos corazones es arder en deseos de encontrarse - dijo bromeando.
+  ¡Serás payasa!
-   Se te pone una cara de tonta cuando hablamos sobre el tema que no es muy difícil ser todopoderosa y saber a la perfección lo que sientes. Respecto a él, últimamente está muy pesadito contándome lo que solíais hacer juntos. Así que, como no os olvidéis de el orgullo y esas idioteces ,te juro que seré yo misma quien tome cartas en el asunto.

Por supuesto, cuando mantuvimos esta conversación dejé claro que, a pesar de que me alegraba pensar que él me echaba de menos, yo no iba a llamarle.


Así que, me encontraba sola en aquel teatro. Sola, pero  tan arreglada que daba la sensación de que tenía la cita de mi vida. No me pinté, porque tampoco era cuestión de ir vestida como a la ópera, y el maquillaje y yo no acabaremos de llevarnos bien nunca. Sin embargo, me puse el vestido azul y me recogí el pelo.
Aún quedaban diez minutos para que comenzase la función, cuando volví de vagar por mis pensamientos. Decidí sacar del bolso esa libreta que me regalaron cuando acabó el verano con el pretexto de que la inspiración puede llegar en cualquier sitio. Me gustan mucho las estupideces que escribo en esa libreta sobre las cosas que me sorprenden en el día a día, porque agrupando algunas de esas estupideces alguna vez consigo escribir algo con sentido. Observé que a mi alrededor había mucho sobre lo que escribir. Con el bolígrafo en la mano caí en la cuenta de que quizás en un teatro se esconden tantas historias como personas aguardan ansiosas a que se levante el telón y empiece la función.


Observé cuidadosa para plasmar la realidad en el papel, pues me apetecía escribir algo realista. Estaba cansada ya de que el amor se apoderara de mis historias aún cuando éste se había dignado a abandonarme a mí. Entre toda esa multitud, encontré personas de lo más variopintas. No obstante, me llamó bastante la atención que, entre las abundantes parejas que habían decidido pasar la noche en el teatro, había más infelicidad que disfrute y plenitud. Quise achacar esa infelicidad que tantos desprendían, aunque trataban de enmascarar, a la crisis, o al frío. Sin embargo, pronto comprendí que la rutina invade tantas vidas occidentales a día de hoy, que a menudo no nos damos cuenta del daño que hace en algo tan alocado como el amor hasta que poco queda de su esencia. Ver tantas parejas apagadas cuyos corazones  ya no ardían por culpa de la obsesión por mantener la cabeza fría y mostrar entereza cuando nos invade el instinto, me hizo pensar en él otra vez. Me quedé embobada  mirando a un tipo que era bastante atractivo que,por alguna razón que se me escapaba, me miraba intensamente. Me pareció que me sonaba de algo, pero estaba demasiado lejos para reconocerle. Vestía bastante elegante, y me dio la sensación de que haríamos buena pareja.

Él me pilla infraganti y para mí comienza a ser incómoda su penetrante mirada, así que bajo la cabeza haciendo que escribo algo en la libreta. No quiero que piense que le miro demasiado, así que mantengo la cabeza gacha.  Pasados unos segundos siento que me pica la curiosidad y tengo que comprobar si sigue mirándome. Siempre me perdieron los tipos con aire desenfadado que se atreven a ponerse traje. Esa combinación es explosiva para mi, lo sé. Así que miro. Y me encuentro su mirada de lleno casi perforándome. Me asusto un poco. Él se levanta de su butaca y parece decidido a acercarse. Justo entonces la luz comienza a hacerse tenue en todo el teatro. Yo me giro como si no me hubiera dado cuenta de todo aquello y simplemente me dispusiera a disfrutar de la función. Alguien me toca la espalda a modo de llamada, y yo me sobresalto. Finalmente me giro esperando encontrarme al tipo sexy de la mirada penetrante, pero en realidad es una señora rechonchita y bajita la que tiene algo que decirme:

-   Perdona que te moleste chiquilla, pero un tipo me ha dado esto ahora mismo y me ha indicado que es para ti – dijo en un tono casi inaudible y me dio un papel.
+  Muchas gracias.- le contesté.

Quizás no está demasiado bien salirse del teatro justo cuando va a comenzar la representación, pero todo aquello me tenía desconcertada. Así que salí. Abrí el papelito en el que sólo ponía : “ sabía que ibas a salir”. La verdad es que me indignaron bastante esas cinco palabras, pero no me dio tiempo a manifestar mi enfado porque justo cuando levanté la vista allí estaba él. En cuanto aquel tipo trajeado se me acercó un poco, le reconocí. Estaba más guapo que la última vez que le vi, pero olía igual de bien que siempre. Sentí una mezcla entre alegría, dolor  y cabreo al verle. Me cabreé momentáneamente con mi amiga por haberle llamado, pero rápidamente comprendí que ella sabía que los dos necesitábamos aquel encuentro de una vez por todas. Se acercó más y no pude evitar mirar su corbata. Había decidido ponerse una corbata con copitos de nieve. Justo entonces me entró la risa y me reí sin mesura ni freno posible. ¿Pero quién en su sano juicio se pone una corbata con copitos de nieve? Me oigo reír a mi misma por primera vez en bastante tiempo, y él se da cuenta de que me río con él y no de él. Aún así, esta más guapo de lo que recordaba. Me hace un repaso de arriba a abajo y sonríe. Entonces siento unas fuertes ganas de abrazarle de nuevo, y no me lo pienso dos veces. Él me coge entre sus brazos y me aprieta fuerte contra sí. Justo en ese instante, como si los dos fuésemos los protagonistas de una película, el silencio se ve invadido por un fuerte aplauso. Permanecemos abrazados unos instantes, y aunque ninguno de los dos parece echar de menos demasiado las palabras en ese preciso momento, él se decide finalmente:

-  Muy guapa estás tú ¿no? A ver, dejame verte pequeña. Siempre pensé que el azul te favorecía.
+  Muchas gracias. A mí me encanta tu corbata.
-  Sabía que esta corbata no fallaría- hizo una pausa y yo me di cuenta de que la corbata había cumplido perfectamente su función devolviéndome la risa enseguida.- Creo que no deberíamos de hablar de cosas tristes ni aburridas, es más creo que deberíamos 
+  Pero, ¿qué? Veo que sigues estando igual de loco. ¿A dónde me llevas?- dije mientras él tiraba de mí.
-  Creo que es mejor que desaprendamos lo poco que creemos saber el uno del otro, así que ¿por qué no volvemos a encontrarnos casualmente?
+ Perfecto, es una idea estupenda – me alucinaba cómo actuaba, creo que todo aquello le convirtió en alguien más irresistible si cabe. - Todo esto parece sacado de una película, no hace falta que...
- Ey, ey, ey. Esto es la realidad. Si esto fuera una película, estaría lloviendo a cántaros y nos besaríamos apasionadamente tras confesarnos el amor mutuo. Si esto fuera una película, después de esto vendrían los títulos de crédito, pero yo lo que te estoy proponiendo es justo lo contrario. No te propongo una reconciliación con final feliz, sino un principio desde cero. Si esto fuera una película, para ser felices tendríamos que comer perdices, y ni siquiera sé si te gustan, así que el único ingrediente que usaremos para tratar de ser felices será la improvisación. Yo te propongo que entre nosotros nunca haya nada que se presuponga, y que sorprendernos y cuidarnos el uno al otro sea lo que más nos preocupe. Si esto fuera una película, ahora mismo todos los espectadores estarían enternecidos por todo esto que te digo con toda la sinceridad del mundo. Pero como esto es la vida real lo que yo te propongo es que en esta historia disfruten siempre más los implicados que los espectadores, porque si tratamos de vender a alguien que somos felices al final podemos olvidarnos de preocuparnos por serlo. ¿Qué me dices?
+ Ven aquí – le estrujé lo más fuerte que pude contra mí.
-  Además yo no quiero para nada a la protagonista de una película, yo lo que quiero es a la escritora. Así que somos nosotros los que escribimos nuestro destino. Sólo tu y yo.


Quise enseñarle entonces mi libreta llena de apuntes, para que viera algo en particular. Cogí la libreta y la abrí por la página en la que había estado escribiendo sobre la gente del teatro.

+ Mira, esto lo escribí antes cuando me mirabas desde la lejanía.
-  “Definitivamente me gusta el chico del traje y la mirada penetrante” - leyó y subió la mirada  algo cortado.
+  Se me olvidó añadir que  no es que me guste el chico del traje y la corbata de copitos como chico, sino que me gusta como persona.
-  Me siento halagado querida escritora- sonrió- pero ¿hay algo que quieras decirme con eso
+ Quiero decirte que me entraste por los ojos ahí dentro, pero que algunas veces los amores caducan si nos enamoramos fijándonos sólo en lo de fuera, pero sé que de ti lo que realmente me atrae es lo que eres por dentro. No dejaré que esto caduque, porque fuera esto o no una película nadie entendería que te dejara escapar con tu corbata de copitos de nieve.
- Lo sé es una corbata irresistible.



Mi amiga se lució aquella noche tanto en el escenario como fuera. Gracias a que esa actriz nos empujó a que iniciáramos nuestra historia completamente distinta a las películas, seré feliz.



Pauli.


Si tu corazón arde por alguien o por algo, pregúntate si es bueno para ti eso que anhela antes de extinguir las llamas con la frialdad de tu razón.


“ El amor es locura, no sabiduría”

lunes, 24 de octubre de 2011

Me dedicó una espléndida sonrisa, toda enterita para mi.

Aquella criatura era poco más que un puñado de lágrimas, la cara roja, los ojos tristes e iluminados por el agua salada y la sonrisa más borrada que yo había visto en mi vida. Nada más verla con tal cara de pena y ese dolor instalado en el fondo de sus pupilas, me entraron ganas de estrujarla entre mi brazos y no soltarla hasta que yo mismo fuera capaz de aniquilar esa horrible tristeza. Pedía a gritos un abrazo, simplemente eso. Así que me acerqué y le acaricié una mejilla quitándole una lagrimilla salada que se topó con mi mano.


He de decir que me pareció que le sentaba bien llorar, pues sus ojos se aclaraban, pero claramente no era un buen momento para decírselo, pues por menos de nada nos inundaba, nos ahogábamos y encima se deshidrataba. Así que no dije ni pío, y simplemente estuve abrazándola hasta que sus sollozos se calmaron, se separó de mi y dijo mirándome intensamente:
- Muchísimas gracias, de verdad

Me dedicó una espléndida sonrisa, toda enterita para mi. Entonces descubrí que la sonrisa de esa personita tan triste no era para nada fea, quizás era, eso si, una sonrisa falta de costumbre, pero mucho más sincera que esas que se dibujan en tantas caras con la única función de aparentar estar gozando de la felicidad. Mantuvimos la mirada y la sonrisa unos instantes y entonces me dijo:
- ¿Sabes por qué estoy así de triste? Porque es duro ese odioso estado de transito entre el amor y el desamor.
- Entiendo... ¿sabes? Una vez que yo estaba igual de triste que tu alguien me enseñó este truco fíjate bien- dije mientras cogía una servilleta de papel y un bolígrafo.
Sus ojos se abrieron como platos, estaba impaciente por ver como podía acabar con toda esa tristeza. Yo escribí una frase en la servilleta y taché una serie de cosas. Antes de enseñarle lo que había escrito le advertí:
- Quizás ahora te parezca duro, pero en menos tiempo del que te piensas tu serás capaz de tachar las mismas palabras que yo de esta frase. Mira:
Eres lo mejor que me ha  pasado
- Gracias. Sé que es cuestión de tiempo, pero te aseguro que no quiero olvidar, no quiero tachar nada, sólo quiero ser feliz con lo que hay...
- No desesperes, el tiempo dirá. Gracias por tu sonrisa, es preciosa


Pauli.
Y es que una sonrisa vale mucho: enriquece a quien la recibe, sin empobrecer a quien la ofrece. Dura un segundo si, pero no se olvida.
"Haz el favor de regalarlas ojitos tristes”



martes, 14 de junio de 2011

Asusntos serios en la guarderia :D. Bendita inocencia.

Hoy me he despertado con ganas de escribir. Pensarás que eso no es novedad alguna, pues escribir ya es parte de mi día a día, y que hoy tuviera más ganas de hacerlo no tiene nada de fascinante. Pero en realidad hoy no ha sido como los demás días, ni voy a escribir esta historia como he escrito todas las demás. Normalmente hasta que no me encuentro delante de una hoja en blanco no empiezo a ordenar mis pensamientos para plasmarlos en el papel. Casi siempre, me limito a buscar que quiero contar, y a partir de ahí la historia se escribe sola. Pero esta vez no va a ser así. Esta vez creo que no escribo, o al menos que no invento.
Esta mañana me he despertado y tenía un montón de imágenes en mi cabeza. Me invadía la sensación de haber estado toda la noche soñando algo muy intenso. He ido derechita hacia el salón tratando de recordar de que se trataba el sueño, y me he dado cuenta de que podía reconstruir la situación casi al completo sin problema. Parecía algo demasiado coherente para ser un sueño, porque nadie sueña días normales en los que todo lo que pasa podría ser perfectamente real. Así que he entrado en la cocina, y como cada mañana, me he puesto a hablar con mi madre. Cuando me he puesto a describir las personas que aparecían en el sueño, y que yo creía no conocer, mi madre me ha dicho que eso debía de ser un recuerdo, porque esas personas a las que había descrito se parecían bastante a mis amigos de la guardería. Me ha impactado mucho esta situación. Por esta razón, cuando he llegado a casa he pillado por banda un álbum de fotos de aquella época en la que he conseguido encontrar a gente que me resultaba familiar.
Haya sido sueño, o recuerdo me ha llamado mucho la atención que hoy se haya presentado en mi cabecita sin avisar. Que caprichosos son los recuerdos. un día aparecen tan nítidos que podrías describir hasta el más mínimo detalle algo que parecía estar borroso y olvidado en tu mente. Y en ocasiones se entrelazan entre si dando lugar a situaciones irreales en tus sueños.

En definitiva, no estoy segura de haber vivido en primera persona esta historia, ( principalmente porque de ser así tuvo que desarrollarse cuando sólo tenía dos añitos), pero aunque sólo sea que alguien la ha escrito en mi cabeza para que pueda contarla, voy a hacerlo. Espero que os inspire tanta ternura como me ha inspirado a mi ahora que he reconstruido todas las piezas del puzzle...


El escenario fue una guardería. Los protagonistas no sabían mucho de la vida, pero sí sabían como divertirse los dos juntos. No tenían ni idea en que consistían los “juegos de mayores” que provocaban que todos se quisieran parecer tanto, pero sí sabían como arreglárselas para jugar con la plastilina y las ceras o a ser un superhéroe con el abrigo a modo de capa. Debían de ser novios, porque en la guardería todo amigo importante se convierte automáticamente en tu novio, y no tienes ningún problema de proclamarlo a los cuatro vientos. Fuera como fuese, estaban haciendo un castillo de arena en el patio cuando se pusieron a hablar seriamente:

  • Este es nuestro castillo.- dijo él mientras amasaba bien la última torreta.
  • Tenemos que construirlo bien, bien para que algún día podamos vivir en él.
  • Yo soy el príncipe, así que supongo que si tu eres la princesa tendremos que casarnos.
  • Yo no puedo casarme.
  • ¿ Por qué? Tu eres mi novia. Los novios se casan. Además vamos a tener castillo y todo.
  • Ya lo sé pero yo he oido a mi mamá decir que sólo es bueno que me case cuando encuentre a “un hombre hecho y derecho” ,y no sé que es eso, pero creo que mi mamá me explicó que un chico que no tiene bigote nunca puede serlo.
  • Entonces, ¿ Cuando tenga bigote podrás casarte conmigo y podremos vivir aquí los dos juntos?¿ Crees que tu mamá se enfadaría si te casaras con un chico sin bigote?
  • Si. eso creo. Creo que eso es importante para ella. Aunque mi papá no tiene bigote, así que creo que después de que nos casemos podrás quitártelo.
  • Que cosas hay que hacer para ser mayor.



Llegó la hora de la merienda, y tuvieron que dejar su obra arquitectónica para después. Él no se lo pensó dos veces: cogió el vaso de leche, bebió un sorbo grande se giró y dijo:


  • Mírame. Ahora tengo bigotes de leche. Creo que ya soy “ un hombre hecho y derecho” así que podemos casarnos, y después ya podré quitarme el bigote.



Ojalá esa locura y esa ternura que teníamos no haya muerto y pueda salir a la luz cuando nos enamoremos. Ojalá.



Pauli.
4/03/11


martes, 31 de mayo de 2011

Que la lluvia resbale por mi cuerpo.

Era casi de noche, pero ninguno tenía noción alguna de la hora. Llevaban probablemente horas apalancados en su refugio, y ni siquiera tenían muy claro si les tocaba comer o cenar. Un par de ellos se dedicaban a discutir sobre el botellón del día siguiente. Faltaban unas cuantas botellas y ambos se dedicaban a echarse la culpa el uno al otro. El resto sin embargo, ya se preocuparían de la ausencia de alcohol cuando llegara el momento, y mientras tanto se dedicaban a exprimir ese día cualquiera al máximo. A lo lejos uno se encendía el octavo pitillo de la tarde, o al menos el octavo que ella veía que se encendía. Él mientras tanto, hablaba por teléfono con alguien aparentemente importante, y se chuleaba con cada calada. En el sofá, una muralla de chicas se disponían a hablar entre ellas, pero sin entender muy bien que hacían ahí sentadas. Alguno que otro se les acercaba, pero al poco rato salía despavorido al encontrarse sólo ante el peligro: un “vive la vida” dándose a conocer entre doscientas mujeres sanas. Ese valiente que probablemente le había echado más huevos que a nada en su vida para acercarse a la muchedumbre, había vuelto bastante convencido de que tardaría años en recuperarse y ser capaz de intentar atacar de nuevo.
Así estaba el patio, y nadie sabía muy bien de quien era la culpa, pero los días, los meses y los años seguían pasando sin que las cosas mejoraran en este tema. No obstante, ellas seguían apareciendo de vez en cuando, todas juntas eso sí, lo que parecía significar que esperaban que algún día la cosa se normalizase, pero fiesta tras fiesta la historia se repetía y cada vez era más absurda. Es curioso como a menudo el silencio reinaba, lo que hacía parecer que las fiestas fueran en realidad historias sacadas de películas de Woody Allen en las que siempre piensas que tiene que haber una trampa, pero en este caso la hubiera o no el absurdo reinaba sin que nada cambiara.
Tras darle vueltas a todo esto una vez más, ella siguió analizando el resto de aquella habitación. En otro sofá medio destartalado estaban apilados medio kilo de abrigos y cazadoras, y a los pies de éstas se podían ver unos cuantos cascos de moto.
El ambiente estaba cargado, debían llevar al menos tres horas ahí y la cantidad de humo acumulada les impedía ver con claridad las cuatro paredes de aquel sitio en el que tanto les gustaba juntarse. Ella odiaba el tabaco, pero odiaba aún más el olor que se te queda en el pelo después de salir de un lugar ahumado. En realidad, sobre el tabaco aborrecía casi todo. No podía soportar el sabor de un beso de un fumador que acaba de dejar el pitillo, porque esos besos sabían casi tan amargos como si estuvieras chupando un cenicero. Y no soportaba en absoluto la dependencia que crea en las personas. Sin embargo, había algo que si que le gustaba ,y ese algo era precisamente el exceso de humo tras haber desperdiciado una tarde con esa pandilla de chiflados.
Fuera la lluvia había decidido bailar claqué, y las gotitas sonaban insistentes en la ventana, lo que hacía que aumentaran las ganas de quedarse ahí de por vida. Sólo pensar que para volver a casa había que mojarse y pasar frío en la moto le agotaba, y por esa razón decidió inundarse de ese calor que infestaba la habitación. Sabía que algunas veces no encajaba muy bien en ningún lado, y que incluso ellas pensaban que su utopía traspasaba unos límites que a veces le alejaban del resto, sin embargo estaba acostumbrada y lo único que quería era volcarse en todo aquel a quien quería aunque algunas veces no fuera fácil. Se quedó un rato mirando la ventana y empezó a imaginar que las gotas eran corredores diseñando en pocos segundos una carrera. Le encantaba diseñar juegos estúpidos como ese siempre que la melancolía decidía visitarle, y se quedaba pensativa analizando que gota había ganado la carrera. No sé si con el objetivo de no parecer autista, o llena de curiosidad por analizar la habitación al completo, pero lo cierto es que tras un par de carreras de gotas volvió a su tarea de analizar esa habitación.
Cuando volvió a la realidad, en seguida se dio cuenta de que había mucho ruido. Alguien había puesto la música muy alta y algún roquero se dedicaba a cantar a pleno pulmón. También se oían gritos. Unos cuantos jugaban al pócker sobre algo que algún día fue una mesa. Se reían y se vacilaban sin parar, disfrutando al máximo cada segundo. Otro grupito se dedicaba a subirse a un carrito del supermercado y a hacer extrañas carreras con él. Pero el nivel de ruido aumentaba aún más cuando dos chicas con unas cuantas copas encima se dedicaban a ligotear con otro grupo que no hacía nada. Ligotear ya era algo, y en vacaciones está prohibido hacer varias cosas a la vez.
De repente entre la pirámide de cazadoras empezó a sonar un móvil, y una de las chicas del sofá, que parecían haber entablado una conversación divertida, se levantó a por él. Era su madre que le avisaba de que como no volviera pronto a casa,la ausencia de cena iba a ser el menor de sus problemas. Eran ya las diez y ninguno se había dado cuenta. Pocos solían dar explicaciones en sus respectivas casas de su paradero, aunque alguno que otro cogió el móvil para avisar de que no iba a cenar. Como era de esperar todas las chicas silenciosas tenían que irse a cenar a casa, y eso le recordó que ella también debía hacerlo, pero no quería, así que se limitó a pedir permiso para quedarse y fue ésta una petición exitosa. Ella le sugirió a sus amigas que se quedaran ellas también, pero entre que alguna estaba aburrida, y que alguna otra tenía a los padres a punto de establecer un castigo de por vida, se fueron todas a sus respectivas casas.
Una de ellas había prometido volver en cuanto acabara la obligada cena, y al ver que su amiga no estaba demasiado animada ese día sugirió que a su vuelta tendrían una conversación seria.

Ella se acercó a la mesa del pócker. Más gente llegó con agua en el flequillo y ganas de fiesta y ella con media sonrisa por sentirse un poco extraterrestre, volvió a la ventana y empezó a tararear algunas de las letras que se escuchaban. Justo le llegó un mensaje de una amiga con la que hacía medio siglo que no hablaba, y como era un buen momento cogió el móvil y se dispuso a llamarla. Fue en ese momento cuando alguien se le acercó por la espalda:






  • ¿Ibas a llamar a alguien? Espera, no lo hagas, quiero hablar contigo.
  • ¿Qué quieres? ¿No puedes esperar?
  • No, no puedo. Creo que ya he tenido suficiente paciencia con tu afán de hablar filosofeando.
  • Ahhh claro. Pobrecito. Mira a ti nadie te ha pedido que me escuches, así que si sigues haciéndolo igual es porque algo te ayudan mis filosofías imposibles que sólo se dedican a desordenar la vida que la gente cree vivir.
  • Vale, esta bien. Nunca comprenderé porque quieres hacer esto por nadie, y mucho menos por mi. Pero déjame hablar por favor. Una vez me dijiste que el mundo no morirá nunca por falta de maravillas sino por falta de asombro, así que ¿por qué no lo pones un poco en práctica y dejas que te sorprenda?
  • Hacía mucho tiempo que quería oír esas palabras, ahora sólo queda que conozcas algo de mi que ni siquiera sepa yo misma para que consigas dejarme con la boca abierta.
  • Chiquilla eres muy exigente. No seas dura conmigo que es mi primer intento.
  • Menos hablar, que estoy impaciente.
  • Está lloviendo ¿no?
  • Si, eso parece. Digo yo que ese líquido que incomprensiblemente cae del cielo, debe ser lluvia. ¡No me digas que esa es la sorpresa!¿ He vivido toda mi vida en una mentira pensando que algunas tardes de invierno llovía, y en realidad no era lluvia lo que caía del cielo?- dijo con tono irónico resultando un poco arisca.
  • Te vas a quedar con las ganas ¿sabes? Aunque no te alejas demasiado...
  • Veo que aprendes deprisa. Dispara.
  • Yo lo que vengo a revelarte hoy es por qué algunas veces no te sale la sonrisa por mucho que lo intentes. Quiero explicarte de donde procede esa especie de mueca indescriptible, y tan divertida que se te queda cuando quieres que nadie vea tu dolor pero en realidad dentro de ti agonizas.
  • Si consigues decirme por qué es eso te juro que te hago miembro oficial de la gente que ha conseguido quitarse las legañas de los ojos y abrirlos de una vez.
  • Ve sacando el formulario de inscripción bonita, porque pienso hacer que no puedas creer que yo he sido capaz de llegar a esas conclusiones. Es más, no lo creo ni yo. Definitivamente me lo estas pegando.
  • ¿También te he pegado yo esa odiosa manía de no ir al grano?
  • Sabes que si.
  • Bueno, como no empieces de una vez te juro que me largo a llamar.
  • Vale. No es lluvia eso que cae del cielo. En realidad es tristeza. Cuando te sientas triste debes dejar salir de ti la tristeza ya sea contándole a alguien que te preocupa, o gritando hasta que no quede nada de tristeza en ti. Cuando estés triste la solución no es llorar para tus adentros porque así poco a poco te inundas hasta que llegue un momento que te ahogues en dolor. Siempre debes sacar tu tristeza, dejar que esta se evapore y convierta en nubes. Deja que las nubes lloren por ti, que formen charcos que sirvan para hacer guerras de barro en otra parte. Recuerda que esas lágrimas que dejes caer servirán para regar otras sonrisas, y deja de atormentarte pensando que estas sola, porque no es así. La verdad es que yo nunca antes había sido positivo, pero me has enseñado que es muy importante sonreír y dejar que los demás se pregunten por qué. Es eso lo que te falta a ti ¿sabes?. Tu has conseguido creer en ti misma y a leer entre líneas el guión este que casi todos aceptan al pie de la letra, y eso es algo que te hace grande porque no todas las personas son capaces de aceptarse a si mismos y luchar por lo que quieren. Pero hay algo de lo que no te has dado cuenta, y es que cuando has aprendido todo eso automáticamente has querido ayudar a otras personas a que también lo aprendan olvidando que muchas no quieren hacerlo, y otras tantas no pueden entenderte. Por eso tienes dolor dentro. Porque sabes que todo esto que estás haciendo es algo bueno, pero en realidad no tienes una razón para hacerlo. Y hay algo que tu no sabes, porque tu piensas que todo este esfuerzo no sirve para nada, pero has removido muchas mentes, y eso ya es algo.
  • ¿Sabes lo que es algo? Que he removido la tuya. Si pudieras oírte igual te llamarías a ti mismo bicho raro.
  • No creo que eso sea una crítica. Gracias.
  • ¿Sabes lo que vamos a hacer?- preguntó con cara divertida.
  • No tengo ni idea muchacha. Eres una caja de sorpresas, y que haya sido capaz de sorprenderte un poco no significa que ya pueda leerte la mente.
  • Te sorprendería lo que creo que eres capaz de hacer, pero aún así te diré lo que vamos a hacer. ¿Ves esta ventana que he estado mirando unas tres horas? Vamos a jugar al ahorcado en ella con la condensación que ha formado la tristeza.
  • Te encanta inventar a todas horas, no sé yo si esto se acerca ya al límite de locura, pero gracias por enseñrme otro lenguaje con el que sabes hablar. A partir de hoy podrás incluir en tu curriculum: “ Hablo lenguaje del vaho en las ventanas mojadas de tristeza”
  • Jajajaja. Deliras. Empiezo yo. Es una palabra de seis letras.
  • Eso, no es una casualidad. El seis ya me dice que tramas algo. Voy a decir la letra G de gracias.
  • Si, mi palabra tiene G, pero es más bien una G de otra palabra seis letras.
  • Lo sabía. Y no me preguntes por qué, pero creo que ya sé cual es la palabra. Y la acepto.
  • Tienes que escribirla para que yo reconozca tu victoria.
  • Es guerra, y claro que acepto una guerra de barro con la señorita torpeza encarnada. Me muero por ver como combina esa falda con medio kilo de barro incrustado por encima.






Ella no dijo nada más. Simplemente abrió la puerta y salió fuera lo más rápido que pudo. Antes de empezar a preparar la munición se quedó unos instantes dejando que el agua de lluvia le empapara completamente. Él tardó un poco más en salir porque se había encargado de avisar a todos los chiflados de dentro de que fuera habría guerra de barro a la luz de la luna, pero en cuanto salió ella le tenía preparado un regalito de bienvenida que acabó estampado en la cara de él a modo de inicio de la guerra.
Se lanzaron tanto barro que prácticamente acabaron todo el que había, y cuando por fin firmaron el tratado de paz entre risas, todos entraron dentro a calentarse. Después de aquella locura a ella le quedaba algo por aclarar:
  • Sabes por qué me gusta tanto sentir que el agua de lluvia me moja.- dijo ella dirigiéndose a él.
  • No tengo ni idea, porque tienes pinta de niña pija y lo último que te pega es encresparte el pelo bajo la lluvia- dijo alguien
  • No hagas ni caso, lleva una cuantas copas encima- dijo él
  • Tiene razón yo parezco una niña pija. Pero no me importa lo que parezco, me importa lo que soy, y soy una chica muerta de ganas de vivir. Y sentir la lluvia resbalar por mi cuerpo cuando todos esperan que resbale por mi paragüas me hace sentirme viva.




Pauli.


Me dio por escribirlo el 1/ 2 / 11, y es que le di mucho al coco.

muerde la vida

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