Ser único. Ser feliz.

- Eso no es normal

- Lo sé. Pero, ¿quién quiere ser normal?

domingo, 25 de diciembre de 2011

Capítulo 17: Demasiada preocupación por el envoltorio cuando al final siempre se rompe en cinco segundos y medio.

A unas pocas horas para levantarnos y descubrir si esta Navidad  los regalos que damos y recibimos son los acertados, he salido con mi madre  a comparar algo para adornar la casa. Todo estaba lleno de gente con prisas haciendo sus últimas compras y gastando las reservas de papel de regalo del centro comercial. Me he puesto a pensar cosas raras, como de costumbre, y me he dado cuenta que dentro del espíritu de la Navidad, una de las cosas que más nos preocupaban es decorar suficiente todo lo que nos rodea. Todos absolutamente todos los que nos encontrábamos allí estábamos obsesionados por decorar adecuadamente. Desde las dependientas que trabajaban a destajo, hasta una señorita que colocaba estratégicamente el turrón de chocolate para formar una pirámide perfecta.
Una chica  rebuscaba entre el montón de papeles de regalo, uno que combinara con la cinta que pretendía ponerle por encima, mientras un matrimonio se peleaba con la dependienta porque se les habían acabado todos los papeles de color rosa. Incluso yo estaba allí rodeada de decoradores compulsivos buscando algo para decorar mi casa. Yo ya sabía que vivía en una sociedad materialista, pero nunca me había parado a pensar cuanto nos importa que todo este perfecto.
De toda esta historia hay algo que me empezó a preocupar cuando empecé a pensar en todo esto, y que me sigue preocupando varias horas después. Mi preocupación está más allá de criticar el materialismo. Mi preocupación pretende avisar de que en realidad el envoltorio es poco importante.
La mañana de Nochebuena todas esas personas están preocupadas por idear cual es la mejor manera de empaquetar un regalo, y en cambio la mañana de Navidad unos pequeños monstruitos y otros no tan pequeños arrasan con todo el papel de regalo que se les pone por delante buscando no decepcionarse con lo que este papel esconde. Creo que esto nos debería hacer reflexionar si el envoltorio realmente importa algo, pero como eso es sólo lo que yo creo, proseguiré con los principales motivos de mi preocupación.

Me preocupa exageradamente que esta obsesión por decorar no sólo sea una obsesión Navideña, y te voy a intentar explicar por qué.

En muchos casos la falta de identidad personal  nace de la mano de la obsesión por demostrarle al mundo que tu envoltorio es de calidad, pues quienes viven locos por mostrar un buen envoltorio olvidan la importancia de que el regalo no decepcione. Es decir, si piensas que los que te rodean se fijarán en si los colores del papel de regalo combinarán a la perfección dejas de preocuparte por  enseñarle a alguien que tu no regalas las cosas típicas simplemente por salir del paso. Esto es como todo, preocuparte por si gustas por fuera hará que poco tiempo te quede por preocuparte si tu interior es especial.
Supongo que esto lo he aprendido tarde, pero ahora en cuando me doy cuenta de que decorar es sólo una forma de engañar sobre el verdadero contenido que esconden las cosas. Se piensa que si el regalo te entra por ojo al  final  gustará más, pero hay una cosa clara, las cosas no son como empiezan, sino como acaban, y al final siempre se descubre lo de dentro.

Por todo esto creo que es mejor quedarse con buen sabor de boca y dejar lo mejor para el final, no para lo que se ve a simple vista sino para lo que esa apariencia esconde. Por supuesto, esto no quiere decir que debemos envolver de forma chapucera, pero me gustaría que se pensara menos en lo superfluo.

Aunque no lo parezca, en todo este capítulo andan escondidas referencias sobre los besos, pero para todo aquel al que no le haya quedado muy claro, puedo hacer una última referencia en la que se vea claramente.


-Aquellos besos en los que nos guiamos únicamente  por el envoltorio serán siempre más frustrantes que esos en los que hayamos descubierto cuanto nos gusta el regalo. Sin embargo si nunca dejamos ver el regalo que llevamos dentro, el envoltorio nos dejará vacíos-


...Paula



Cuanta reflexión propia.

* escrito en la Nochebuena de 2010

viernes, 23 de diciembre de 2011

Capítulo 16: El muérdago te da el primer empujoncito...

¿Alguna vez te has dado cuenta de que nos pasamos la vida pidiendo permiso?
Es normal que sea así, porque cuando somos pequeños no tenemos ni criterio ni experiencia para valorar la situación, y cuando crecemos tenemos alrededor muchas personas en las que debemos pensar  antes de actuar. Sin embargo nadie pide permiso y espera ansiosamente esperar un no, bueno al menos casi nadie, porque está visto que hay gente para todo.  Hasta para pasar por la vida en automático sin pararse a pensar. 
Muchas veces sin embargo, cuando pedimos permiso la respuesta es no, y esto ocurre porque vivimos en una sociedad reglada en la que hay ciertas cosas que no son políticamente correctas o que los que te rodean no ven bien que hagas. Creo que después de 15 capítulos ya sabéis que estoy en contra de seguir algo por el simple hecho de que esté establecido, y mucho más de hacerlo por quedar bien ante los demás; Sin embargo yo entiendo que el ser humano necesita reglas principalmente para no dañar al resto de personas que nos rodean. Lo que pasa es que  cada vez que alguien no te de permiso para algo para mí la mejor opción es escuchar una explicación y hacerlo sin mirarse el ombligo por un momento comprendiendo si realmente es razonable lo que se argumenta y valorando objetivamente y sin tener en cuenta tus ganas si la regla establecida ha sido establecida con criterio. Sé perfectamente que esto es díficilísimo, pues somos seres incapaces de eliminar toda nuestra parte subjetiva, pero debemos intentarlo, pues una buena argumentación por nuestra parte puede poner la partida a nuestro favor. De todas formas, por muy buenos y objetivos que sean tus argumentos a quien le pediste permiso siempre tiene la última palabra, luego tú eres libre de obedecer o no atendiendo a las consecuencias...


¿Por qué me enrollo tanto con todo esto?


Pues muy sencillo, para que veas que el conseguir permiso es muy difícil porque los seres humanos actuamos a partir de prejuicios y leyes establecidas que tratan a todos los seres humanos por igual en todas las situaciones. Esto es así incluso  aunque todos seamos únicos y no actuémos de la misma forma ante dos situaciones idénticas. Por ejemplo, los padres tienden a pensar que las niñas son más indefensas e influenciables que los niños, y por tanto, sin tener demasiado en cuenta la personalidad de sus hijas las protegerán más insistentemente que a sus hijos. Esto está claro que depende de la persona porque hay chicas con las ideas muy claras y chicos que no las tienen tanto. Por lo tanto, lo que intento aconsejar es que dejemos de pedir permiso para todo, porque es cierto que hay cosas que necesitamos preguntar, pero puedes estar seguro de que no para todo se necesita la aprobación de alguien.

Si nos adentramos  en el mundo de los besos, pedir permiso se convierte en algo absurdo. Pedir permiso antes de dar un beso es de indeciso. Además si se pide permiso automáticamente, la improvisación desaparece y el factor sorpresa se esfuma, es entonces cuando entra en funcionamiento la parte racional del cerebro que hará que le de tiempo a pensar y a no darte permiso...

Es más si no te da permiso la situación es igual de incómoda que si después de besarte te dice que el amor no es correspondido...

Dejarse llevar por los impulsos es imprescindible, y  si se necesita un empujoncito en estas fechas el muérdago puede ayudar...
Yo creo que la tradición del beso debajo del muérdago surge cuando tras un momento de silencio uno de los dos por fin se decide a lanzarse sin preguntar, y después para justificarse inventa la tradición como si esta proviniera de una leyenda de amor...

Seguro que en ese momento entre la distancia mínima de seguridad, y lo irresistible que sonaba que se hubiera inventado una leyenda solo para besarla, ella se replanteo su relación con él...

Por eso yo creo que no debe darnos miedo arriesgar en el amor porque las situaciones diferentes son las que al final convierten la historia en especial. Además antes mencioné que nuestra sociedad está reglada, pero esta visto que NADIE puede poner reglas unánimes para todas las historias de amor, porque siempre seguirán existiendo personas con brillo en los ojos que luchen contracorriente por intentar mantener la intriga en todos y cada uno de los momentos de su historia.


Atrévete a inventar tu propio muérdago.



...Paula

Cuanta reflexión propia


PD: ese hombre fue un visionario que comprendió que antes de un beso sobran las palabras y que es mejor guiarse por impulsos y establecer así reglas mútuas que sólo hagan más morbosa e interesante la vida de aquellos que la comparten.

martes, 20 de diciembre de 2011

Capítulo 15: Los besos son sólo los cimientos. Es responsabilidad del arquitecto seguir el proyecto.

Admiro la capacidad de los arquitectos de imaginar . Imaginan sin descanso hasta conseguir imaginar casas únicas en su especie. Ojalá esa cualidad fuera más común a nuestro alrededor para que la creación sustituyera a la dominante no opinión, o lo que es lo mismo que la imaginación le ganara la partida a la indiferencia.

Este no es un capítulo dedicado única y exclusivamente a futuros arquitectos. Podría serlo pues no estoy segura de que alguien que tiene la mente estructurada a partir de  la indiferencia pueda llegar a entender la importancia de la iniciativa para salir adelante. Es más, creo que por más que los besos intenten que algunas personas olviden su ceguera provocada por otros y vean con claridad evidencias de que no son ciegos, tendrán siempre incrustado en el cerebro que ellos no ven. Es traumatizante pensar hasta que punto ha llegado el lavabo de cerebro generalizado, así que decididamente dedicaré este capítulo a los arquitectos.

Para todos los arquitectos: esos gracias a los que se construyen casas, y esos gracias a los cuales no se tiran por la borda historias con futuro.
Los que pertenecen al primer grupo son esos que tras estudiar una dura carrera,obtienen un título que les permitirá empezar a imaginar casas. En cambio, los que pertenecen al segundo grupo no son más que un grupo de personas que tienen en mente que es muy importante que los proyectos salgan adelante.

En este capítulo me voy a centrar más en aquellos que pertenecen al segundo grupo, y no porque no tenga mucho que decir de gente estupenda que aspiran a conseguir pertenecer al primero,sino porque un día me propuse destripar al máximo el mundo del beso y sus alrededores y creo que este mundo tiene más relación con el segundo grupo.

¿Quienes pertenecen al segundo grupo?
Cualquier arquitecto con ganas de empezar una historia desde cero.

Cuesta muchísimo decidir que día es el perfecto para poner los cimientos de tu proyecto.  Los cimientos son esenciales para que el proyecto sea sólido y en ningún momento se tambalee. No puede estar lloviendo porque todo el mundo sabe que con la lluvia los cimientos se estropean, pero tampoco debes elegir un día en el que el sol abrase porque será insoportable estar horas bajo el sol para ponerlos. Elegir el día es difícil y es importante, pero cuando por fin aparecen esos cimientos en forma de besos en seguida te das cuenta de si el proyecto final se desarrollará con éxito o no. Si en esos besos había el mensaje necesario, sin duda gran parte de las dificultades de construcción de la historia estarán prácticamente superadas,sin embargo en algunos casos los malos cimientos nos delatan que lo mejor es empezar de cero o parar la obra por el momento reconsiderando la situación.

El buen arquitecto además de diseñar un buen proyecto con ideas únicas e inimitables, tratará de construir con los materiales de mejor calidad posible.
Una casa terminada cuenta una historia que va desde sus cimientos hasta que es derrumbada.
Cada uno es el propio arquitecto de su proyecto con otra persona, aunque no cualquiera puede ser arquitecto, se necesitan ganas de crear.


Vuelvo a decir que hay una falta inmensa de creación en las historias compartidas, y que esto hace que los días sean todos iguales...
crea un beso, una palabra, un lugar, una regla, una costumbre, un objetivo...



Créame una habitación en la que sólo podamos entrar tu y yo. Ya que te doy el poder de ser arquitecto aprovéchalo. No hagas que nuestra casa se parezca en absoluto al resto de las casas de la avenida. Lo que quiero es que imagines una casa a nuestra medida en la que descubrir lo que somos y  compartir nuestra vida.


...Paula


Cuanta reflexión propia.


NOTA: texto escrito en diciembre de 2010. Dejé los "besos" abanonados, sin publicar porque tenía inspiración. Ahora no tengo tiempo, así que aquí está el capítulo 15

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Si fuera esto una película, estaríamos hechos al agrado del público

El patio de butacas estaba a rebosar, pero aún quedaban quince minutos para que comenzara la actuación. Como buenos españoles que éramos la mayoría de los allí presentes, teníamos escandalizados a una pareja de suecos con nuestro nivel de ruido. Cada cual gritaba más alto que el de al lado. Y los nervios estaban a flor de piel en aquella noche en la que debutaba mi amiga en un teatro de Madrid.
Desde el instante en el que supe que  para ella significaba mucho todo aquello, no dudé en organizar toda mi agenda en torno a aquel acontecimiento. Era una de mis prioridades estar presente el día en el que ella cumplió uno de sus más ansiados sueños, porque se mire como se mire, no se puede presumir de una amiga actriz todos los días.


Fui al teatro sola, eso sí. Aunque estuve a punto de ceder ante la insistencia de esa aspirante a actriz tan pesada que yo tenía por amiga, que me aconsejaba que abandonara el orgullo e invitara a ese tipo que me había robado el corazón una vez. Pero finalmente no le llamé. Quise convencerme a mí misma que ya no le echaba de menos. Y ante los reproches de mi amiga, argumenté a mi favor que  de invitarle a él tendría que haber invitado también a ese delirante encanto del que nunca se separa, y  mi enconomía ya no daba para comprar tres entradas. Ante estas escusas baratas, ella me puso pucheritos, y como se le da tan bien actuar, improvisó  el típico sermón que dan las madres, por el hecho de ser madres, para que sus hijos entren en razón:

-     Me pones de los nervios intentando evitar lo que sientes. Tienes que afrontar la realidad. Tirarte a la piscina como solías hacer. No permitiré que te quedes mirando desde el bordillo cuando sabes que él ha vuelto a nadar ,y sólo quiere hacerlo contigo. ¿Qué te cuesta llamarle? Ni siquiera tendréis que hablar porque estaréis viéndome hacer el ridículo...
    +   ¿ Tengo que recordarte que él dijo que ahí acababa todo? Yo terminé con lo nuestro, pero él fue quien, mirándome a los ojos, me dio a entender que ya no sentía nada. Parece que no recuerdas que, a pesar de que salieron esas palabras de su boca, yo no quise asumirlo y seguí atontada por su culpa durante meses. Por aquel entonces, me decías que tenía que olvidar, que no había otra solución. No puedes hacerme creer ahora que él quiere verme.
-  Yo no te tengo que hacer creer nada. Yo sólo te digo que  la vuestra es una historia de amor de dos auténticos cobardicas. No hacéis otra cosa que esconder lo que sentís y sinceraros conmigo. Si alguno de los dos fuera valiente, no estaríais ambos como tontos ideando formas de que yo os hable del otro. Erais felices juntos, eso se veía a la legua. Pero siempre os ha encantado complicaros la vida por miedo a enamoraros.
+ ¿ Enamorarnos? Eso son palabras mayores. No te voy a negar que le echo de menos, aunque duela tanto admitirlo. Pero, en cualquier caso, fue él quien dijo la última palabra. No entenderá nada si le invito al teatro.
- No soporto cuando sacas tu razón por encima del corazón. El invierno y la rutina te tienen desentrenada en eso de improvisar y guiarte por los impulsos. Intentas mantener la cabeza fría a toda costa, querida. Pero tanto tú como yo sabemos que no es posible mantener la cabeza fría mientras el corazón arde. Y yo, como narrador omnisciente que todo lo sabe y controla entre los dos, te digo que si algo hacen vuestros respectivos corazones es arder en deseos de encontrarse - dijo bromeando.
+  ¡Serás payasa!
-   Se te pone una cara de tonta cuando hablamos sobre el tema que no es muy difícil ser todopoderosa y saber a la perfección lo que sientes. Respecto a él, últimamente está muy pesadito contándome lo que solíais hacer juntos. Así que, como no os olvidéis de el orgullo y esas idioteces ,te juro que seré yo misma quien tome cartas en el asunto.

Por supuesto, cuando mantuvimos esta conversación dejé claro que, a pesar de que me alegraba pensar que él me echaba de menos, yo no iba a llamarle.


Así que, me encontraba sola en aquel teatro. Sola, pero  tan arreglada que daba la sensación de que tenía la cita de mi vida. No me pinté, porque tampoco era cuestión de ir vestida como a la ópera, y el maquillaje y yo no acabaremos de llevarnos bien nunca. Sin embargo, me puse el vestido azul y me recogí el pelo.
Aún quedaban diez minutos para que comenzase la función, cuando volví de vagar por mis pensamientos. Decidí sacar del bolso esa libreta que me regalaron cuando acabó el verano con el pretexto de que la inspiración puede llegar en cualquier sitio. Me gustan mucho las estupideces que escribo en esa libreta sobre las cosas que me sorprenden en el día a día, porque agrupando algunas de esas estupideces alguna vez consigo escribir algo con sentido. Observé que a mi alrededor había mucho sobre lo que escribir. Con el bolígrafo en la mano caí en la cuenta de que quizás en un teatro se esconden tantas historias como personas aguardan ansiosas a que se levante el telón y empiece la función.


Observé cuidadosa para plasmar la realidad en el papel, pues me apetecía escribir algo realista. Estaba cansada ya de que el amor se apoderara de mis historias aún cuando éste se había dignado a abandonarme a mí. Entre toda esa multitud, encontré personas de lo más variopintas. No obstante, me llamó bastante la atención que, entre las abundantes parejas que habían decidido pasar la noche en el teatro, había más infelicidad que disfrute y plenitud. Quise achacar esa infelicidad que tantos desprendían, aunque trataban de enmascarar, a la crisis, o al frío. Sin embargo, pronto comprendí que la rutina invade tantas vidas occidentales a día de hoy, que a menudo no nos damos cuenta del daño que hace en algo tan alocado como el amor hasta que poco queda de su esencia. Ver tantas parejas apagadas cuyos corazones  ya no ardían por culpa de la obsesión por mantener la cabeza fría y mostrar entereza cuando nos invade el instinto, me hizo pensar en él otra vez. Me quedé embobada  mirando a un tipo que era bastante atractivo que,por alguna razón que se me escapaba, me miraba intensamente. Me pareció que me sonaba de algo, pero estaba demasiado lejos para reconocerle. Vestía bastante elegante, y me dio la sensación de que haríamos buena pareja.

Él me pilla infraganti y para mí comienza a ser incómoda su penetrante mirada, así que bajo la cabeza haciendo que escribo algo en la libreta. No quiero que piense que le miro demasiado, así que mantengo la cabeza gacha.  Pasados unos segundos siento que me pica la curiosidad y tengo que comprobar si sigue mirándome. Siempre me perdieron los tipos con aire desenfadado que se atreven a ponerse traje. Esa combinación es explosiva para mi, lo sé. Así que miro. Y me encuentro su mirada de lleno casi perforándome. Me asusto un poco. Él se levanta de su butaca y parece decidido a acercarse. Justo entonces la luz comienza a hacerse tenue en todo el teatro. Yo me giro como si no me hubiera dado cuenta de todo aquello y simplemente me dispusiera a disfrutar de la función. Alguien me toca la espalda a modo de llamada, y yo me sobresalto. Finalmente me giro esperando encontrarme al tipo sexy de la mirada penetrante, pero en realidad es una señora rechonchita y bajita la que tiene algo que decirme:

-   Perdona que te moleste chiquilla, pero un tipo me ha dado esto ahora mismo y me ha indicado que es para ti – dijo en un tono casi inaudible y me dio un papel.
+  Muchas gracias.- le contesté.

Quizás no está demasiado bien salirse del teatro justo cuando va a comenzar la representación, pero todo aquello me tenía desconcertada. Así que salí. Abrí el papelito en el que sólo ponía : “ sabía que ibas a salir”. La verdad es que me indignaron bastante esas cinco palabras, pero no me dio tiempo a manifestar mi enfado porque justo cuando levanté la vista allí estaba él. En cuanto aquel tipo trajeado se me acercó un poco, le reconocí. Estaba más guapo que la última vez que le vi, pero olía igual de bien que siempre. Sentí una mezcla entre alegría, dolor  y cabreo al verle. Me cabreé momentáneamente con mi amiga por haberle llamado, pero rápidamente comprendí que ella sabía que los dos necesitábamos aquel encuentro de una vez por todas. Se acercó más y no pude evitar mirar su corbata. Había decidido ponerse una corbata con copitos de nieve. Justo entonces me entró la risa y me reí sin mesura ni freno posible. ¿Pero quién en su sano juicio se pone una corbata con copitos de nieve? Me oigo reír a mi misma por primera vez en bastante tiempo, y él se da cuenta de que me río con él y no de él. Aún así, esta más guapo de lo que recordaba. Me hace un repaso de arriba a abajo y sonríe. Entonces siento unas fuertes ganas de abrazarle de nuevo, y no me lo pienso dos veces. Él me coge entre sus brazos y me aprieta fuerte contra sí. Justo en ese instante, como si los dos fuésemos los protagonistas de una película, el silencio se ve invadido por un fuerte aplauso. Permanecemos abrazados unos instantes, y aunque ninguno de los dos parece echar de menos demasiado las palabras en ese preciso momento, él se decide finalmente:

-  Muy guapa estás tú ¿no? A ver, dejame verte pequeña. Siempre pensé que el azul te favorecía.
+  Muchas gracias. A mí me encanta tu corbata.
-  Sabía que esta corbata no fallaría- hizo una pausa y yo me di cuenta de que la corbata había cumplido perfectamente su función devolviéndome la risa enseguida.- Creo que no deberíamos de hablar de cosas tristes ni aburridas, es más creo que deberíamos 
+  Pero, ¿qué? Veo que sigues estando igual de loco. ¿A dónde me llevas?- dije mientras él tiraba de mí.
-  Creo que es mejor que desaprendamos lo poco que creemos saber el uno del otro, así que ¿por qué no volvemos a encontrarnos casualmente?
+ Perfecto, es una idea estupenda – me alucinaba cómo actuaba, creo que todo aquello le convirtió en alguien más irresistible si cabe. - Todo esto parece sacado de una película, no hace falta que...
- Ey, ey, ey. Esto es la realidad. Si esto fuera una película, estaría lloviendo a cántaros y nos besaríamos apasionadamente tras confesarnos el amor mutuo. Si esto fuera una película, después de esto vendrían los títulos de crédito, pero yo lo que te estoy proponiendo es justo lo contrario. No te propongo una reconciliación con final feliz, sino un principio desde cero. Si esto fuera una película, para ser felices tendríamos que comer perdices, y ni siquiera sé si te gustan, así que el único ingrediente que usaremos para tratar de ser felices será la improvisación. Yo te propongo que entre nosotros nunca haya nada que se presuponga, y que sorprendernos y cuidarnos el uno al otro sea lo que más nos preocupe. Si esto fuera una película, ahora mismo todos los espectadores estarían enternecidos por todo esto que te digo con toda la sinceridad del mundo. Pero como esto es la vida real lo que yo te propongo es que en esta historia disfruten siempre más los implicados que los espectadores, porque si tratamos de vender a alguien que somos felices al final podemos olvidarnos de preocuparnos por serlo. ¿Qué me dices?
+ Ven aquí – le estrujé lo más fuerte que pude contra mí.
-  Además yo no quiero para nada a la protagonista de una película, yo lo que quiero es a la escritora. Así que somos nosotros los que escribimos nuestro destino. Sólo tu y yo.


Quise enseñarle entonces mi libreta llena de apuntes, para que viera algo en particular. Cogí la libreta y la abrí por la página en la que había estado escribiendo sobre la gente del teatro.

+ Mira, esto lo escribí antes cuando me mirabas desde la lejanía.
-  “Definitivamente me gusta el chico del traje y la mirada penetrante” - leyó y subió la mirada  algo cortado.
+  Se me olvidó añadir que  no es que me guste el chico del traje y la corbata de copitos como chico, sino que me gusta como persona.
-  Me siento halagado querida escritora- sonrió- pero ¿hay algo que quieras decirme con eso
+ Quiero decirte que me entraste por los ojos ahí dentro, pero que algunas veces los amores caducan si nos enamoramos fijándonos sólo en lo de fuera, pero sé que de ti lo que realmente me atrae es lo que eres por dentro. No dejaré que esto caduque, porque fuera esto o no una película nadie entendería que te dejara escapar con tu corbata de copitos de nieve.
- Lo sé es una corbata irresistible.



Mi amiga se lució aquella noche tanto en el escenario como fuera. Gracias a que esa actriz nos empujó a que iniciáramos nuestra historia completamente distinta a las películas, seré feliz.



Pauli.


Si tu corazón arde por alguien o por algo, pregúntate si es bueno para ti eso que anhela antes de extinguir las llamas con la frialdad de tu razón.


“ El amor es locura, no sabiduría”

muerde la vida

HAIRCUT from MAMMOTH on Vimeo.