Ser único. Ser feliz.

- Eso no es normal

- Lo sé. Pero, ¿quién quiere ser normal?

viernes, 30 de septiembre de 2011

Le aterrorizaba más que nada ser amado.

Una vez me topé con alguien que temía ser querido.

Supongo que en los tres primeros segundos posteriores a su confesión, que me costó arrancársela varias horas de cháchara, no supe reaccionar. Está claro que encontrarse una excepción entre la muchedumbre desconcierta, pues creo que esperaba que me dijera que lo que le asustaba era querer y no ser correspondido. No obstante, dado que esa confesión tan sincera apareció tras millones de intentos por que él asesinara a la vergüenza, al menos cuando hablaba conmigo,me lancé a abrazarle sin entender a penas de donde venía su miedo por enamorar a alguien.



Ahora entiendo su miedo. Entiendo perfectamente cómo se le revuelven las tripas sólo de pensar que un corazón pueda vagar a la espera de que el suyo propio sólo palpite por ese corazón vagabundo. Sí. No hay nada más agobiante que saber que hay alguien que dentro de sí tiene ansias de ti. Exacto. Recuerdo esa penetrante angustia que te atrapa cuando alguien te dice que te ama y tu no puedes pronunciar esas mismas palabras. Lo recuerdo. Parece completamente absurdo, pero esas palabras no te salen. No lo sientes. Tú no notas que el amor se haya apoderado de ti, y la impotencia llama a tu puerta cada vez que oyes esas palabras de su boca tan sinceras, tan sugerentes, tan desnudas . Ves unos ojos que brillan y que se avergüenzan de estar ante ti y tener que admitir que esas palabras son ciertas. Y la situación parece ideada para que tu admitas lo mismo, para que te alegres de ser correspondido. Pero no te alegras. No. Ni te alegras, ni eres correspondido. Sobre todo porque no hay nada a lo que corresponder. Porque tu no amas, no eres capaz aunque quieras. Porque querer si quieres. Quieres amar aunque no puedes. Has encontrado a alguien que te ama y crees que lo justo seria que tu te enamoraras de esa persona, pero no hay manera. El corazón se te encoje y meditas unos segundos si pronunciar esas palabras sin significado alguno es una buena idea. Entonces cierras la boca. No dices nada y mantienes la mirada con un resquicio de lástima en tus ojos. Puedes ver la desilusión encendida en los suyos como si esa confesión que acaba de hacer hubiera sido en vano. La ves mientras algo dentro de ese corazón ajeno duele de algún modo. Puedes casi palpar esa desilusión, pero no puedes hacer que desaparezca. Parece mentira, pero amar a ese corazón que está tan desnudo ante ti en ese instante, no está en tus manos. Y te enternece seguir viendo esa desilusión, que aunque solo lleva media docena de segundos dibujada en los ojos de ese rostro valiente que te mira, a ti te parece que lleva una eternidad pidiendo respuestas. Y no respondes porque nadie te dijo por qué razón no eres capaz de amarle tu también.





Entonces, te das cuenta de que estás siendo tú artífice de un amor no correspondido. Sólo tú podrías borrar esa desilusión que no puedes dejar de mirar. Pero no sabes como. La impotencia te recuerda que esa desilusión te es muy familiar. Demasiado. Y es que ella también se ha apoderado de ti en bastantes ocasiones. Sí. Esa misma desilusión también se ha adueñado de ti alguna vez. Maldita sea ella y malditos esos segundos de impotencia. Ahora que te das cuenta te duele aún más ver esos ojillos mirándote. Sobre todo porque una vez en otro lugar, otro tiempo, otro artífice y otro maldito inicio de amor no correspondido, ellos fueron tuyos.

Así que sí: a mi también me da miedo que me amen, que me miren con esos ojos plagados de desilusión mientras yo sé que no siento nada por ellos. Sí. A mí también me intriga el ser humano y esa extraña capacidad suya de enamorarse de algo inalcanzable. Al final en todas estas historias no hay culpables, pero si que hay daños y dañados, y por eso a mi también me aterra sentir que en mis manos queda algo así. Lo confieso: me asusta enamorar a alguien, aunque sólo sea cuando no puedo corresponderle.


lunes, 19 de septiembre de 2011

Capítulo 14: Los besos se parecen al vino...


No puedes ni imaginarte en cuantas cosas se parecen los besos al vino.

Para empezar, existen multitud de bebidas alcohólicas que se usan para pasar el rato entre amigos. Su principal función es emborracharte cuanto antes para dejar de ser quien eres,desfasar y ligar como nunca. Vale, no hace falta que os las presente más en profundidad porque creo que la mayoría las conocéis de sobra. Son vuestras compañeras de fin de semana, y son más baratas y efectivas que el vino a la hora de emborracharte.
Estas amigas se parecen mucho a los besos de alquiler en muchas cosas.
Para empezar se buscan para ser aceptado. Si no tuvieras personas que se arrodillan ante ti cuando das doce besos de alquiler en una noche, no lo harías, al igual que si nadie te convirtiera en miembro de un grupo no te beberías seis cubatas y te fumarias dos porros para acabar toda la noche vomitando y sin acordarte de nada al día siguiente. Puede que aunque nadie opinara sobre tu manera de actuar, o aunque esas opiniones no te importaran si regalarías algún que otro beso de alquiler sólo porque se despertaría en ti una curiosidad parecida a la que siente el que nunca ha bebido y ve como otros se divierten entre copas. Pero lo que tengo muy claro es que ni a nadie le gusta vomitar cada viernes, ni nadie es tan psicópata que se dedica a coleccionar besos sin mensaje. Detrás de ambas acciones, queramos o no está la aceptación social. Pero llegará un momento en que nadie decida por ti, y serás tu el que te enfrentes a la vida, así que más te vale empezar a tener criterio propio. Tener criterio propio no significa que no bebas hasta vomitar, significa que si lo haces sea porque tú tienes razones para hacerlo, pero no porque los adolescentes tengan que irse de botellón.

El vino es más difícil que te emborrache, pero con un buen vino sabes que siempre aciertas. Algo parecido pasa con los besos primitivos ¿no crees? Los besos primitivos no son de esos que sueles ir contando a todo aquel que se cruza en tu camino, son besos más bien privados... Sin embargo un beso con mensaje nunca puede dejar indiferente

Hay casi tantos besos diferentes como imagines, y aunque todavía no me has dicho cual es tu beso especial porque nadie parece reaccionar ante la revolución en el mundo del beso propuesta hace dos capítulos, pocos límites se les pueden poner a los besos. Me llama la atención que con los mismos ingredientes (improvisación y dos bocas que se encuentran), se puedan crear muchos tipos de besos diferentes. Esto es igual que el pan, el chocolate,o que los vinos usando prácticamente los mismos ingredientes obtenemos muchísimas variedades diferentes. Esta variedad hace que sea difícil que exista alguien a quien no le guste ningún tipo. Además según las características propias de cada uno son más apropiados para unas situaciones concretas lo que hace que podamos gozar de su presencia día a día. La variedad rompe la monotonía convirtiendo su degustación en un momento en el que reina la incertidumbre y permitiendo a su creador el añadir el factor sorpresa que provocará una acogida muy interesante. No sé muy bien si hablo de besos o de vinos, porque la verdad es que todo lo anterior se puede aplicar a ambos por igual, así que sigamos con el análisis de semejanzas.

Hay algo que me fascina aún más sobre el vino, el pan y los besos. Además de existir cientos de variedades de cada uno, no queda ahí la cosa. En los tres casos siempre hay un toque personal e intransferible de quien lo crea. Aunque se siga una receta al pie de la letra, dependiendo del cocinero el resultado final es diferente, y por eso nunca puedes cansarte de degustarlos.



Además los grandes vinos son los que se degustan tras años de paciencia. Esto en relación con los besos no debe decir que no se deben dar besos a diario porque serán peores que besos para los que has esperado meses, no pretendo que después de haber encontrado a la persona con la que quieres compartir tus besos la tengas a pan y agua con el objetivo de tener un beso intenso al mes...
En el entorno de los besos esta afirmación no es tan radical. Pueden existir besos intensos a diario. Esta comparación es más bien para aquellos a los que le cuesta mantener la esperanza de que aún quedan personas diferentes, o para aquellos que llevan mucho tiempo esperando un beso que no llega...
Yo creo que es importante recordar que algunas cosas mejoran con el tiempo.

Los besos se parecen a una botella de vino porque son irrepetibles, y aunque vengan de la misma cosecha nunca probarás dos iguales. Los besos se parecen al tapón de corcho que cierra la botella pues son un gran recurso para cerrar conversaciones en las que no hay más palabras que valgan. Las manchas que deja el vino en tu corbata se parecen a las huellas que deja un beso en tu alma. No te vale cualquier vino a cualquier precio igual que no te vale un beso cualquiera y solo te vale su beso.


Después de todo he encontrado también algo en lo que los besos y los vinos no se parecen en absoluto. Las botellas de vino se acaban, en cambio los besos perduran al igual que lo hacen las ganas de besar. Si esta sed muere creo que deberías hacértelo mirar.






 

...Paula


Cuanta reflexión propia.

domingo, 31 de julio de 2011

Capítulo 13: Los besos se han dado cuenta , y quieren decirte que olvides esas ideas.

No puedes creértelo. Llevas semanas pensándote como decirle que le quieres. Y cuando por fin te has decidido a lanzarte, esa persona te dice que lo mejor es que sigáis como amigos. Y a ti te suena a escusa barata para decirte que nunca habrá la más mínima oportunidad de que seáis más que amigos. Es más, muchos te aseguran que lo peor que te pueden decir alguien a quien quieres es : yo te quiero como amigo... Decides rendirte y asumirlo sin más porque no quieres sufrir en vano.
Sin embargo yo no estoy del todo de acuerdo con que nada sea en vano.

Yo estoy de acuerdo con que mucha gente usa esa frase como escusa, como una forma de salir de paso cuando no se sabe que contestar. Pero no estoy de acuerdo con personas que cuando escuchan esta frase, por un lado hacen pequeñito el valor de la amistad y por otro, piensan que los “ yo te quiero como amigo” son eternos.

Para empezar yo creo que la amistad es esencial. Mucha gente la infravalora por el simple hecho de que entre amigos no hay besos en la boca. Es increíble como coleccionar amigos en el tuenti es importante, pero a la hora de la verdad cuando alguien quiere empezar una amistad contigo, le ignoras porque no te interesa tener amistades reales. Las virtuales te sirven para tener ochocientos comentarios sobre lo fenomenal que sales en una foto, pero cuando se trata de amistades en las que hay que cuidar a los amigos prefieres decir que no.
Siento desilusionarte, pero el amor no es amor si no cuesta, y en muchos casos sin una amistad sólida previa nunca se llegarán a besos primitivos en la relación.
¿Recuerdas cuando te decía que dar un beso es como contar un secreto, y que tienes que pensar muy bien con quien quieres compartirlo? Si lo miras de esa manera, a lo mejor no te parece tan inalcanzable el objetivo. Para que te cuente el secreto sólo necesitas que confíe en ti lo suficiente ¿no?
Pues en cuestión de besos es algo parecido.




Imagina que ese alguien tan especial te dijera que si quiere empezar algo contigo sólo para que no te lleves un mal trago, pero que en el fondo miles de dudas le invaden porque siente que entre vosotros no hay nada especial. ¿no sería más doloroso que acabara por culpa de todas esas dudas a que no empiece por el momento? Lo único que debes esperar es que encuentre la seguridad. A que encuentre un montón de razones en las que vea magia. Sin magia no se consiguen los sueños.

Me desquicia que reinen entre nosotros, los jóvenes, quienes deberíamos ser sueños y amor en estado puro, los prejuicios y los tópicos establecidos.
El miedo se ha colado en todas nuestras mentes. Nos da miedo cambiar el mundo ,y por eso aceptamos los tópicos como si fueran la verdad absoluta.
Seguramente llevas tanto tiempo pensando en si es bueno o no desvelar tus sentimientos porque alguien te ha llenado la cabeza de tópicos: Si le confiesas lo que sientes y te dice que te quiere como amigo, ya nunca será como antes, habréis perdido la confianza y de alguna forma esa persona te va a ver para siempre con otros ojos.
Yo antes también lo pensaba. No me salvo de los malditos prejuicios que sólo nos confunden. Veía a mi alrededor que sincerar el amor cuando no era correspondido solo era algo malo, que sólo hacía que los implicados se distanciaran.
Seguro que sabes muchos ejemplos que apoyan esta tesis que se ha convertido en tópico del amor contemporáneo, sin embargo creo que este tópico se construyó a partir de otro tópico aún más grave: El amor sólo busca un atractivo físico. Por lo tanto el que me hayan dado calabazas hoy, implica que debo olvidar que entre nosotros pueda haber algo para siempre.

Los besos se han dado cuenta del problema. Llevo ya muchos capítulos intentando buscar la razón por la cual sigue habiendo personas que tratan de fundamentar sus vidas en lo superficial. En este capítulo los besos me han abierto los ojos, y espero que te sirva a ti también para acabar con ese tópico.

Cuando una persona te dice que no cree que haya ningún futuro en vuestra historia, sueles pensar que te faltan abdominales o unas cuantas tallas de sujetador, pero no te paras a pensar en la razón esencial: no tienes nada diferente que ofrecerle. Es verdad que la mayoría de los conformistas que nos rodean, que prefieren imitar al vecino que tomar las riendas de su destino, lo único que quieren que les ofrezcan es lo exterior, pero te aseguro que también siguen existiendo otras personas que creen que nada queda en lo meramente material. Muchas de estas personas tan sólo necesitan una historia de esas que no pasan desapercibidas porque se construyen desde la autenticidad y el deseo de sorprender.
Cuando alguien te dice sutilmente que no cree que tengas nada de lo que necesita que le ofrezcas, no se refiere a que nunca pueda llegar a ser así. Es más, un no eterno lo tendrás si dejas la situación inmutable, pero si evolucionáis creando una historia sólida como amigos, hay posibilidades de que un día sin avisar llegue un principio.

Mucha gente cuando recibe un no por respuesta , escondida en el tópico antes mencionado, desaparece del mapa, deja de cultivar la relación que tenía con esa persona y se hunde pensando que nunca habrá nada.
Claro que no habrá nada. Si desapareces de la faz de la Tierra es imposible que empiece nada.

Los besos están tristes. Muchos besos nunca han llegado a darse precisamente por ese error de concepto.

Cuando recibas una desilusión amorosa de este tipo, no te hundas sin más argumentando que el tópico. Lo más cómodo es abandonar, pero si realmente sientes que se equivoca diciendo que no tienes nada que ofrecerle, demuéstraselo.
Te digo de corazón que esa persona tiene claro lo que quiere. Tiene claro que no quiere más cosas iguales, y sabe que todo lo que haces lo haces sin fundamento propio persiguiendo a una muchedumbre de personas que no saben por qué siguen una moda, pero la siguen.
No hay nadie que no esconda algo especial dentro, pero si hay muchos que no dejan que salga por miedo al rechazo. De lo que apenas se dan cuenta es de que si se enamoran de alguien que aparentas ser ya nunca serás tu mismo, y cuando quieras volver a serlo ya no quedará nada de ti.

Si consigues que se quede con la boca abierta cuando hasta donde eres capaz de llegar, cuantas fronteras eres capaz de cruzar,cuanto eres capaz de luchar, que tu lema es disfrutar y consigues que se llegue a asombrar, esa historia puede llegar a empezar. No hay otra clave a parte de imaginar las reglas de tu juego y empezar a jugar.

Duele mucho que te digan que no. Pero los besos que no se dan, esos de los que hablé en mi capítulo uno, me han contado que una vez al año se reúnen todos en un sitio para contarse entre sí el estado de ánimo de las personas que sufren de mal de amor. Allí analizan las causas del vacío que se siente cuando no se puede empezar una historia con una persona concreta, y han llegado a la conclusión de que uno de los principales problemas del mal de amores es el rendirse antes de tiempo.

Un beso me ha confesado que muchos de los que se limitan a evitar a la otra persona, después de varios años no lo han superado del todo, y lo que es peor, dándolo por un caso perdido, nunca han descubierto si realmente no era posible que esa historia empezara.
Mientras tanto aquel que dijo que no piensa que hizo bien en decir que no porque el que aseguraba amor infinito no ha estado dispuesto a luchar ni lo más mínimo.

¿Que difícil es el amor verdad?


La asociación mundial de besos verdaderos nos informa de que nada se construye por ciencia infusa, de que nadie quiere falsas imitaciones para nada, de que solo son imposibles las historias por las que no se lucha.



Así que a partir de ahora cuando una historia no empiece piensa que tal vez si realmente los dos estáis dispuestos a apostar por esa historia, empezará en el momento indicado.


...Una persona me ha enseñado mucho sobre todo esto. Y la verdad es que me alegro de haber aprendido a no adelantar acontecimientos. Hay muchas personas que no lo entienden. Pero todo aquello que merezca la pena llegará cuando tenga que hacerlo. Llegará sin pedir permiso, y precisamente eso será lo más especial.

Resumiría este capítulo en tres cosas:

No hay que pedir permiso a nadie para algo que las reglas se construyen sobre la marcha y dependiendo de los protagonistas de la historia.

Quien planta tomates no puede esperar que nazcan cebollas. No te dejes de implicar en aquellas relaciones que esperas que te den sus frutos.

Los besos todavía tienen mucha guerra que darnos, pero espero que todo lo que me confiesan sirvan para dibujar al menos una sonrisa en alguien que al final llegue a experimentar una historia propia, sin nada establecido.



 
...Paula

PD: ya que en este capítulo se ha tratado de acabar con falsos mitos, aunque este sea el 13 siempre recuerda que la mala suerte nunca está en el 13 porque no es más que doce más uno.
Pd2 : gracias a una señorita que antes mencioné, espero que se sienta identificada con mis agradecimientos
pd3: este capítulo también es para algunas personitas que me encuentro hundidas y desorientadas últimamente.

Cuanta reflexión propia.

lunes, 27 de junio de 2011

Veintidós o veintitrés horas después de aquel atardecer en el sillón rojo.

La imprevisibilidad de aquella chica comenzaba a ser previsible. En cuanto ella se marchó enfundada en su falda verde aquella mañana de marzo en la que ambos se despertaron acurrucados en el mismo sillón, él supo que en los días siguientes nada cambiaría. No era la primera vez , y probablemente no sería la última, porque cuatro ocasiones como aquella ya se habían presentado,lo que daba pie a una quinta. Sin dudarlo él sabía que al menos tres veces más que aquella había creído ver en los ojos de ella una especie de grito silencioso. Un grito que era tan original por salir de la mirada, como por no sonar a nada. Un grito muy como ella: no hacía caso alguno a las reglas de los demás gritos, quería salir pero sin molestar, quería sorprender pero sin agobiar, quería explorar y vivir y soñar. A él aquel le parecía que era un grito que pedía que los besos desenfrenados sustituyeran lo antes posible a los rituales de la amistad. Incluso cada vez que se presentaba una situación como aquella, creía oír aquel grito callado con más fuerza.
Fuera como fuese, cada vez que ella le dejaba empaparse un poquito de su esencia asimétrica, él notaba como crecían en él una ganas locas de perder la compostura, la cabeza, los acordes y si hacía falta la camisa. No obstante, él sabía que no era aquello solamente cuestión de atracción física, era más bien una especie de química lo que había entre los dos. Se había sentido atraído por tantas mujeres desde la guardería, que sabía detectar sin esfuerzo cuando estaba en medio de una cuestión de aquel calibre. Por lo tanto, sabía de sobra que con miss desastre en persona, había más ingredientes además de la inminente atracción física entre aquello que ya había empezado a cocerse. Y es que, siempre había estado intrigado por saber que escondían realmente aquella maraña de sensaciones que se le presentaban cada vez que algo le recordaba a ella.
Últimamente esa maraña se había instalado de manera permanente en su cerebro,su corazón y sus tripas, pues a cada paso que daba se encontraba con una imagen, una sensación, un olor o un sabor que le recordaban en algo a ella. Además, a menudo, si esto sucedía, a él de daba por pensar en lo asustado que se sintió el día que la conoció. Nunca antes había sentido nada parecido. Se encontró desarmado cuando se dio cuenta de que debía aprender a desenvolverse en un nuevo juego cuyas reglas nunca antes había oído. Nada de lo que había aprendido hasta ahora le iba a servir de nada. No importaba cuantas veces hubiera jugado antes, porque ella no creía que fuera justa la victoria que se consigue tan sólo por azar. Desde el mismo instante en el que la mirada de ella se cruzó con la de él por primera vez, él supo que si quería jugar con ella a su juego, tenía que entender que las reglas se escribirían sobre la marcha. Y es que, en aquel primer cruce de miradas a él le pareció ver a una chica tímida, pero segura, cuya mirada intensa le comunicó que ella estaba fuera de los juegos en los que se te elimina por cuestiones de suerte. Esos ojos que en aquel momento le parecieron casi tan oscuros como infinitos, le contaban que a ella no le gustaba jugar con tramposos, ni mucho menos con aquellos que se comen una y cuentan veinte. Con ella había que poner las cartas sobre la mesa. Era una chica con las cosas claras, y eso le gustaba casi tanto como que tenía los ojos intrigantes. No eran unos ojos impresionantes, pero sí se algo se podía decir de ellos es que eran peculiares. Ella era como sus ojos, si bien tenías claro que eran oscuros a primera vista, muchas tardes parecían querer mostrarte su verdadera apariencia de ojos más claros cuanto más iluminados. Y si un día les visitaba la tristeza solían también ponerse del color de las uvas maduras. Con esta chica y sus ojos, había que jugar cartas propias para aspirar a ganar, pero cuidando el momento idóneo para sacarte ese as de la manga que le hiciera temblar. Era una mujer exigente, pero nunca nadie antes había conseguido hacer de él alguien dispuesto a superarse a mejorar. Y es que, probablemente todos estos detalles infinitesimales eran precisamente los que convertían a su amistad en una especie de oruga en metamorfosis que quizás algún día fuese mariposa.

Pensaba también en la impotencia que le inundó aquellos primeros meses, y que aún hoy venía a visitarle cada vez que él intentaba comprender lo que ella le contaba en un idioma más complejo si cabe que el chino aliñado con un toque de acento ruso. Pero sobre todo, pensaba en como ella había conseguido enseñarle que a veces tiempo y paciencia consiguen dejar en la cocina impregnado el olor de las galletas para siempre, porque todo el mundo es capaz de comprar un paquete de galletas en el supermercado si dispone del dinero, pero quien se las cocina las disfrutará más. Y ya puestos a cocinar, hacerlo a fuego lento es lo más sabio, porque no merece la pena que por ahorrar tiempo acaben todas churruscadas.
La música era casi la mitad de la vida de él,pero a día de hoy tocar la guitarra significaba imaginársela sentada en el sofá rojo tratando de concentrarse en las cuerdas. La guitarra se había convertido así,a lo largo de los días, en un espejo que reflejaba esa cara tan divertida que ponía esa chiquilla cuando, por talento o por casualidad, te soltaba una pregunta sumamente aguda.
Él no había logrado entender como, sin ser más que dos amigos, todo aquello era posible. Tampoco le cabía en la cabeza pensar que habían dejado de importarle las etiquetas o los comentarios del resto de sus amigos. Pero ha decir verdad eran esos síntomas de que había aprendido a tomarse la vida con filosofía. Porque juntos se merendaban las tardes con música endulzada con filosofía. Y aunque todavía habían sido bastante escasas, filosofía tarareada, chillada o incluso ahogada, se había hecho hueco al menos un ratito, en todas y cada una de aquellas tardes. Además, aunque ella nunca lo había confesado, él sabía perfectamente que su condición de semimúsico a menudo provocaba en el interior de aquella chiquilla una reacción en cadena que acababa por hacerle un nudo marinero en el estómago. Nadie había tenido que decírselo nunca, porque él había aprendido a leerle los ojos a la perfección. Y sus peculiares ojillos le transmitían que si ella ya estaba bastante tarada de fábrica, no era sino él quien agravaba esa locura.

Sólo habían pasado veintidós horas, veintitrés a lo sumo, desde que se la encontró recostada en el sillón rojo mirando el atardecer, pero se le estaba haciendo la tarde eterna entre tanto pensamiento.
Por un lado la experiencia le decía que, predicando su ejemplo de chica poco corriente, la próxima vez que coincidieran en alguna parte ella actuaría como otro día cualquiera. Era especialidad de la casa actuar con naturalidad, cosa que podía no entenderse desde fuera por no ser parte de lo que todo el mundo hace. Y es que, a estas alturas, él ya no se desconcertaba por las supuestas actuaciones a contracorriente de aquella señorita desastrosa, porque creía haber entendido que ella tenía su por qué para no dejar a nadie entrar atropelladamente en su vida.

Se fue al sillón rojo a pensar, con la esperanza de que allí lo vería todo más claro. Oía ese grito, que supuestamente ella le había lanzado la noche anterior, retumbando en su cabeza. Sentía además la necesidad de arriesgarse más que nunca, e incluso llegó a plantearse que esta vez no era como las demás, y que no iba a ser capaz de actuar como si nada. No esta vez. Quiso llamarla, pero en lugar de eso cerró los ojos e imaginó lo mucho que se enturbiarían las cosas entre ellos si él cogía y le soltaba todo por teléfono. Se sintió cutre por un momento, y comprendió que debía esperar, y sobre todo no planear lo que iba a pasar la próxima vez que se encontraran. Sin embargo,no fue capaz de dejar de darle vueltas a aquel suceso en el que se entremezclaron el atardecer, una falda verde y una guitarra cogida por cuatro manos en la oscuridad.
Le dio por imaginar como sería un juicio entorno a aquel caso, y cayó en la cuenta de que sin testigos de por medio, lo que había sucedido tan sólo veintidós o veintitrés horas atrás, era completamente subjetivo. Es decir, sin poder contar con todo lo que había pasado por la cabeza de ella, nunca se podría alcanzar una sentencia justa. Por está razón, consideró que si hubiera tenido que nombrar a un testigo que pudiera dar una prueba objetiva de todo aquello que se estaba cociendo entre doña torpeza encarnada y míster casimúsico ese podría ser sin lugar a dudas el sillón rojo. Y aunque sabía que el sillón no estaba capacitado para declarar en aquel juicio, a él le pareció sentir que si éste hubiera podido hablar, hubiera estado indudablemente de su lado.


Se recostó lo más horizontal que pudo y cuando apoyó la cabeza se clavó algo en la nunca. Cuando se dio la vuelta comprendió que lo que se acababa de clavar era un sujetador. Esa especie de corriente eléctrica que le había surcado la espina dorsal la noche anterior subió de pies a cabeza cuando cayó en la cuenta de quien era ese sujetador. Lo miró con algo de curiosidad unos instantes, y de repente se le vino a la cabeza la imagen de su silueta desnuda tratando de buscar las mangas a la sudadera. Le entraron ganas de reír cuando se dio cuenta de lo mucho que le gustaba que derrochara torpeza por los cuatro costados. Si le hubieran preguntado como era ella probablemente se hubiera saltado la peculiaridad de sus ojos, porque sin lugar a dudas era necesario mencionar que ella era una chica que convertía en divertidas, e incluso elegantes todas las situaciones en las que mostraba a la luz su torpeza. Él hubiera dicho de ella que ante todo es extraordinariamente torpe, pero que nunca antes había admirado tanto a nadie en mitad de una torpeza.
Manteniendo en la mente la imagen de esa espalda a la luz de la luna y esa preocupación por terminar de ponerse la sudadera, decidió que devolverle el sujetador era la escusa perfecta para verla. Estaba ya decidido a llamar cuando oyó a lo lejos una moto que se acercaba. Pasados poco más de diez segundos, entró ella. Trataba de aparentar que estaba indignada, pero como de costumbre sus ojos le delataron diciendo que se alegraba de verle en el sillón rojo:

  • Hola señorita, me parece que tengo algo muy tuyo- dijo alzando el sujetador
  • ¿No me digas? Ni me había dado cuenta. ¿Y sabes quien no se ha dado cuenta tampoco? Mi madre, que al poner la lavadora ha mirado una por una las prendas que llevaba ayer a ver si faltaba algo. Y mira que casualidad que faltaba el sujetador. Y claro como no se ha dado ni cuenta, tampoco se ha enfadado ¿sabes?- dijo tirando del sujetador con fuerza hacia si. Él no lo soltó a pesar de los repetidos tirones de ella.
  • Pues yo no veo tanto drama en que como fan mía me hayas regalado un sujetador en uno de tus arrebatos de enamoramiento de un músico de mi categoría- bromeó tirando del sujetador y haciendo que ella lo soltara.
  • Pero ¿qué haces? Que sea una olvidadiza no significa que te haya donado ese sujetador ¿sabes?
  • Ya,ya. Y me voy a creer yo que ha sido una casualidad que se te haya olvidado aquí justo tu sujetador más sexy- dijo para disfrutar de aquella chiquilla fuera de sus casillas- Que pillina eres, lo has puesto estratégicamente aquí para que yo me topara con él y no tuviera más remedio que pensar en ti. Pues ¿sabes qué?he de reconocer que lo has conseguido, pero no ha sido sólo culpa de este sujetador...
  • Como no me lo devuelvas ya, te voy a pegar un cacho de mordisco que …
  • ¡ Eh, leona! No es necesaria la fuerza bruta. Sólo intento que veas que no es normal que tu madre se piense que has hecho cosas que no has hecho sólo porque haya un sujetador que no aparezca. Es más, si se sulfura por algo así conociendo la extraordinaria capacidad que tienes para perder todo lo que tocas, es que le asusta que su hija se esté haciendo mayor. Sino has hecho nada de lo que sospecha, no le des la razón buscándolo como si te hubiera pillado. Aunque, de todas formas no estaría mal que tu madre tuviera razones para pensar lo que piensa,y estarás de acuerdo conmigo en que...- no acabó la frase, pero añadió entre una risilla- nada mal.
  • ¿Qué pasa? ¿que quieres pelea? Sabes que no me hace gracia que hables de esas cosas como si estuvieran a punto de producirse...
  • ¿Qué cosas? Yo no soy capaz de pensar en ninguna actividad que se haga sin sujetador que sea mala...
  • Ves, ya estás otra vez...
  • Vamos a ver, me imagino que tú, como todas las mujeres, dormirás sin sujetador, y que yo sepa no hay nada más sano en el mundo que dormir.- Seguía con el sujetador en la mano, y ella permaneció en silencio con cara de pócker.- No tienes razones para enfadarte. Es más igual deberías de quedarte aquí esta noche a dormir para que yo vea si tengo razón en eso de que las mujeres dormís sin sujetador...
  • ¿Tú crees? Yo más bien creo que eso es lo que te gustaría a ti, pero como no voy a ser yo la única que salga mal parada de todo esto, mejor duermes tu solito. Y si no te da la gana de darme el sujetador, me parece estupendo, pero no esperes...
  • Shhhh- Él le tapó toda la boca impidiendo que siguiera con el sermón.- Deberías de saber que cada vez que intento picarte lo hago porque estás bastante guapilla cuando te mosqueas. Y no es que no quiera que te quedes, pero te conozco, y no es la mejor estrategia pedirte que lo hagas. Tengo que hacerte una pregunta, pero sólo si te tranquilizas y me contestas con un grado de cero rencor.
  • Pues no te prometo nada, pero igual el hecho de que me vayas a devolver mi sujetador ayude un poco.
  • Tienes que decirme por qué no dejas a la mayoría de los chicos que jueguen contigo
  • ¿ Te refieres a por qué me cuesta tanto abrirme con una persona?
  • Si eso es.
  • Creo que lo que me pasa es que veo que a mi lado hay demasiada gente que se vale de la aprobación de otros para actuar. Además, hace un tiempo oí que “los hombres se enamoran de lo que ven, y las mujeres de lo que oyen. Por eso las mujeres se pintan, y los hombres mienten” Y a decir verdad esto ha ocurrido así en casi todos los casos que me he encontrado en mi vida. Yo no digo que no pueda haber excepciones, porque de hecho creo que si hay algo que yo busco es precisamente una de esas excepciones. Pero hasta donde yo sé, hay demasiados hombres que se dedican a actuar de forma distinta con sus amigos que con sus parejas en función como les convenga. Y como de esos te encuentras como churros, supongo que la solución que yo he aplicado es cerrar radicalmente la barrera hasta que alguien esté dispuesto a saltarla...
  • Bueno, está claro que razón no te falta. Pero yo creo que tendrías que confiar más en que hay personas que pueden asombrarte. Además si lo piensas un segundo, tu nunca te maquillas, por lo tanto es lógico pensar que también existan hombres que no mienten. Que quieres que te diga, pero justo delante tienes a un aspirante a estrella del rock que desde que se dio cuenta de que vivir al bollo es absurdo, vive siendo auténtico. No quiero echarme flores, pero aunque tengo mis baches, yo nunca te miento. Deberías saberlo. Además, no me negarás que tu también te enamoras bastante por lo que ves. Vamos, puedo hacer la prueba de algodón ahora mismo- decía mientras se levantaba la camiseta.- dime que no te gusta lo que ves...
  • No puedo decirte que no me gusta...
  • Ves. Si es que somos un par de excepciones excepcionales. Y nunca mejor dicho. Nunca creí que diría esto, pero lo mejor que tienes es que eres más natural que un yogur. El maquillaje sólo ocultaría lo que eres, y me gusta que hayas decidido no llevarlo.
  • Y a mi me gusta que me digas que eres una excepción en eso de mentir sin ton ni son. Sin embargo, veo por donde vas, y me temo que aunque seamos dos excepciones, el sillón me ha confesado antes que cree que será mejor que no demos por hecho que ahora lo que toca es un beso de esos de película, porque en realidad ahora me toca decirte que como no vuelva enseguida con mi sujetador a casa, sólo me darás un beso en toda tu vida, porque mañana ya no tendré cabeza. Así que me temo que tengo que irme.

Ella intentó escabullirse con todo el morro del mundo, pero él no estaba dispuesto a quedarse una quinta vez con la miel en los labios. Así que añadió:

  • Mira por donde que a mi me gustaría que me mintieras si es necesario para escucharte decir que te mueres de ganas de enseñarme si las mujeres dormís o no con sujetador.
  • No tengas tan claro que tendría que mentirte para decirte eso- Se acercó a él peligrosamente y le susurró- Pero si lo hiciera tendría que matarte, porque no te soportaría con lo crecidito que te pondrías si lo admitiera. Así que de momento tendrás que quedarte con la incertidumbre.
Sonrió como ella sólo lo hacía a modo de despedida. Después se giró y se fue. A él le pareció que el barco iba viento en popa a toda vela, pero lo hubiera gustado que la tercera noche en el sillón rojo hubiera sido la vencida.




pd: su condición de semimúsico indudablemente facilitaba las cosas, pero estaba claro que con ella nada era fácil.

Pauli
4/4/11

muerde la vida

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