Ser único. Ser feliz.

- Eso no es normal

- Lo sé. Pero, ¿quién quiere ser normal?

miércoles, 12 de octubre de 2011

amor a segunda vista.

Amaneces así: semidesnuda, parcialmente mareada y acurrucada a tu almohada. La luz entra por la ventana y suena el viento enfurecido chocando y silbando en la contraventana. Sientes la sangre helada, los pies cansados, la boca seca y los labios algo desgastados. Te incorporas y te quedas mirando como caen las hojas del sauce, mientras sientes los efectos secundarios de la noche pasada.

Quizás el pelo te huela a tabaco, pero no te desagrada. Ese olor tan penetrante te recuerda como él te fumaba hacía poco más de seis horas. Incluso a como él se había declarado adicto a ti y a la nicotina a partes iguales mientras te devoraba con la mirada. Pero sobre todo te hace pensar en como él había robado todo tu oxígeno estando tan cerca, en como te había ahogado fumándose la noche contigo.

Ni rimmel corrido, ni las sábanas coloreadas de maquillaje: nunca te gustará pintarte, eso si que no cambia. El pelo revuelto y los labios te queman. Las hojas siguen cayendo mientras miras embobada. Odiarías tener que admitirlo, pero estás encantada. Todo fue tan inusual que aún sigues extrañada. Dudas si ha sido todo un sueño, pero desaparecen las dudas al ver tu falda arrugada en la cama.

Nunca antes tu falda verde había bailado toda la noche con un perfecto desconocido,nunca antes habías sacado a pasear tu alma de tarada. Pero dicen que siempre hay una primera vez, y él fue quien consiguió que te dejaras llevar de madrugada. Y que digan lo que digan, que piensen lo que piensen, pero él por ser como es fue quien te dejó desarmada. Sí, él y no otro por extraño que a la mayoría le resultara. Si, él y su encanto, él y lo que te daba. Y sabes que pocos entenderán por qué tomaste anoche esa decisión tan acertada, pero sólo te importa que perdiste la cabeza en sus brazos de madrugada.



No fue la vuestra una típica historia en la que chico conoce a chica y al segundo ya se aman, de típica tuvo poco, y el amor lo dejasteis para cuando realmente llegara.
Y tú sigues con cara de tonta semidesnuda y embobada. Y sientes un escalofrío al pensar en la noche pasada.


Fue un amor a segunda vista, pues al principio de la noche la mirada de él no te decía nada. Pero tienes la sensación de que cuando te miró de nuevo, tu ya sin control bailabas. Nadie puede saberlo, pero sientes que hasta ese insignificante detalle, fue diferente a lo que tus historias de amor acostumbraban.
Fue una noche de infarto, quien sabe que pasará esta mañana, pero inundando de recuerdos el cuarto, te encanta recordar como anoche él te llenaba.



Vuestro amor a segunda vista, vuestra noche de dejar la razón guardada, tan puro, tan cierto, tan realista, que te late el corazón fuerte, y te sientes acalorada.


Pauli

sábado, 1 de octubre de 2011

No querían que escribiera, pero querían todo lo demás.

Vuelve a casa tras la entrevista con los tacones en la mano y una larga sudadera que le cubre la falda de tubo y oculta el escote de su camisa preferida. Esa sudadera, que aún huele a su dueño, disimula perfectamente sus curvas. Camina despacito por la acera, mientras se promete a sí misma que en la próxima entrevista irá disfrazada de línea recta. No sabe si lo entiende, pero conoce ya de sobra los ojillos que ponen aquellos que admiran la curvatura del cuerpo de una mujer. Y en el fondo siempre ha deseado que la diseñaran más recta, menos asimétrica tanto de cuerpo como de alma. Digo en el fondo, porque a estas alturas ya había aprendido a ver también las ventajas de ser desordenada, soñadora y curvilínea, pero de pequeñita le enseñaron que había que ser ordenada, aburrida, normal,responsable y cuerda. Y es que entre todos esos adjetivos tan sumamente rectos no encajaba en absoluto un alma cuya vida se regía más por la improvisación y la búsqueda de ser irrepetible. Simplemente era una chica curvilínea a la que le estaban pidiendo algo que siempre consideró absurdo: ser normal. Pero absurdo o no, el hecho de que la normalidad no le cayera demasiado bien era algo por lo que nunca llegaría a alcanzar la perfección a la que, según tantas personas rectas de su vida, había necesariamente que aspirar. Por todo esto había odiado siempre tener tanto un cuerpo como un alma irregulares en un mundo que aspiraba a hacer una colección. A su parecer últimamente el mundo se dedicaba a coleccionar personas más rectas que palillos chinos y cuya alma no se saliera ni un ápice del molde que había sido creado para que toda mente perdiera su individualidad innata relegándose a ser otra fotocopia perfecta.
Sentía lástima del mundo porque no sabía hacer colecciones, ya que se estaba dedicando a amontonar cromos repetidos en forma de almas en vez de cambiarlos por otros nuevos.

A si que cuesta arriba, por una calle cuyo suelo parecía una alfombra de hojas marrones que crujían al pasar, se dedicó a inspirarse con la ciudad para guardar esas sensaciones para otro día en el que le apeteciera escribir. Oculta tras esa sudadera gris que olía tanto a recuerdos avanzaba rumbo a ese sito que tienen algunas ciudades en el que aún podemos ver que existen personas que no desean perder sus curvas: el metro. En cada vagón puedes aprender de cada diferencia que vive instalada en los rostros de muchos de los ciudadanos que frecuentan ese sitio en el que ella había encontrado tantos cachitos de historias que escribir. " Aún no me preocupa el frío otoñal" pensó mientras se disponía a bajar las escaleras para el andén " Gracias verano por mantener mi alma caliente, gracias por haber acabado con la ruina y haberme hecho experimentar tantas sensaciones nuevas. Sabes que te echaré de menos, pero gracias por todo verano, y hasta el año que viene" - pensó mientras sonreía para sus adentros.

Una vez en el tren le da por repasar la entrevista para entender por qué llevaba cuatro manzanas andando descalza por las calles otoñales de un Madrid que sabía a Septiembre. Y seda cuenta de que en el fondo a hecho bien, aunque pocos lo entiendan una oportunidad disfrazada de oro para una chica tan joven era en realidad una farsa. Era todo una mentira disfrazada de verdad, como tantas otras mentiras y tantos otros disfraces dominaban las ciudades de aquellos tiempos.

"Un hombre de unos treinta años estaba entrevistando a una chiquilla temblorosa, que vestida como le habían aconsejado para salir exitosa, entró en el despacho transmitiendo que desbordaba creatividad y ganas de escribir.

...

- Eres buena, encajas bien con nuestro perfil ¿ Entonces qué, te apuntas? - La mira haciéndose el interesante. Parece que esa es una pregunta obligada, pero que está claro que esa chiquilla enfundada en una falda de tubo y con unos tacones con los que podría tocar la luna si se lo propusiese va a aceptar necesariamente a cobrar por lo que escribe sin que importen demasiado las condiciones. Desliza el contrato por la mesa y le acerca una pluma.

- No - sentencia ella alejando la pluma de sí.

- Es una buena oportunidad, pagamos genial. Neesitamos una mujer en la redacción y a ti esto te reportaría ventajas tales como qu tus inicios se den en un sitio privilegiado. No todo el mundo puede poner eso en su currículm. - dice tratando de persuadirla. Eso sí tendrás que entnder que empezarás sirviedo cafés, y haciéndome unos trabajitos...- él le dio un repaso con la mirada tratando de intimidarla, casi de someterla como si ese fuera un precio que hubiera que pagar a cambio de poder escribir.

- ¡ Já ! Que bonito y preparado te ha quedado eso. Pero ¿sabes que? Te equivocas. Sé escribir ¿sabes? Quizás no como me gustaría, pero sé hacerlo. Lo que pasa es que mis tetas no te dejan verlo, y eso es poblema tuyo. Búscate a otra que quiera contonearse por aqui y que apenas sepa escribir su nombre completo, porque yo no quiero.

Tenía razón: no querían que escribiera, pero querían todo lo demás. Se sintió orgullosa de no querer ser recta a toda costa aunque quizás esta vez sus curvas y su falda hubieran sido los culpables de todo. Las cosas o habían salido como esperaba por la mañana: no tenía su primer trabajo, pero mientras metía la llave en el portal y el sol acariciaba ya el horizonte sintió que era libre, estaba viva y el otoño era todo suyo.

Pauli.

viernes, 30 de septiembre de 2011

Le aterrorizaba más que nada ser amado.

Una vez me topé con alguien que temía ser querido.

Supongo que en los tres primeros segundos posteriores a su confesión, que me costó arrancársela varias horas de cháchara, no supe reaccionar. Está claro que encontrarse una excepción entre la muchedumbre desconcierta, pues creo que esperaba que me dijera que lo que le asustaba era querer y no ser correspondido. No obstante, dado que esa confesión tan sincera apareció tras millones de intentos por que él asesinara a la vergüenza, al menos cuando hablaba conmigo,me lancé a abrazarle sin entender a penas de donde venía su miedo por enamorar a alguien.



Ahora entiendo su miedo. Entiendo perfectamente cómo se le revuelven las tripas sólo de pensar que un corazón pueda vagar a la espera de que el suyo propio sólo palpite por ese corazón vagabundo. Sí. No hay nada más agobiante que saber que hay alguien que dentro de sí tiene ansias de ti. Exacto. Recuerdo esa penetrante angustia que te atrapa cuando alguien te dice que te ama y tu no puedes pronunciar esas mismas palabras. Lo recuerdo. Parece completamente absurdo, pero esas palabras no te salen. No lo sientes. Tú no notas que el amor se haya apoderado de ti, y la impotencia llama a tu puerta cada vez que oyes esas palabras de su boca tan sinceras, tan sugerentes, tan desnudas . Ves unos ojos que brillan y que se avergüenzan de estar ante ti y tener que admitir que esas palabras son ciertas. Y la situación parece ideada para que tu admitas lo mismo, para que te alegres de ser correspondido. Pero no te alegras. No. Ni te alegras, ni eres correspondido. Sobre todo porque no hay nada a lo que corresponder. Porque tu no amas, no eres capaz aunque quieras. Porque querer si quieres. Quieres amar aunque no puedes. Has encontrado a alguien que te ama y crees que lo justo seria que tu te enamoraras de esa persona, pero no hay manera. El corazón se te encoje y meditas unos segundos si pronunciar esas palabras sin significado alguno es una buena idea. Entonces cierras la boca. No dices nada y mantienes la mirada con un resquicio de lástima en tus ojos. Puedes ver la desilusión encendida en los suyos como si esa confesión que acaba de hacer hubiera sido en vano. La ves mientras algo dentro de ese corazón ajeno duele de algún modo. Puedes casi palpar esa desilusión, pero no puedes hacer que desaparezca. Parece mentira, pero amar a ese corazón que está tan desnudo ante ti en ese instante, no está en tus manos. Y te enternece seguir viendo esa desilusión, que aunque solo lleva media docena de segundos dibujada en los ojos de ese rostro valiente que te mira, a ti te parece que lleva una eternidad pidiendo respuestas. Y no respondes porque nadie te dijo por qué razón no eres capaz de amarle tu también.





Entonces, te das cuenta de que estás siendo tú artífice de un amor no correspondido. Sólo tú podrías borrar esa desilusión que no puedes dejar de mirar. Pero no sabes como. La impotencia te recuerda que esa desilusión te es muy familiar. Demasiado. Y es que ella también se ha apoderado de ti en bastantes ocasiones. Sí. Esa misma desilusión también se ha adueñado de ti alguna vez. Maldita sea ella y malditos esos segundos de impotencia. Ahora que te das cuenta te duele aún más ver esos ojillos mirándote. Sobre todo porque una vez en otro lugar, otro tiempo, otro artífice y otro maldito inicio de amor no correspondido, ellos fueron tuyos.

Así que sí: a mi también me da miedo que me amen, que me miren con esos ojos plagados de desilusión mientras yo sé que no siento nada por ellos. Sí. A mí también me intriga el ser humano y esa extraña capacidad suya de enamorarse de algo inalcanzable. Al final en todas estas historias no hay culpables, pero si que hay daños y dañados, y por eso a mi también me aterra sentir que en mis manos queda algo así. Lo confieso: me asusta enamorar a alguien, aunque sólo sea cuando no puedo corresponderle.


lunes, 19 de septiembre de 2011

Capítulo 14: Los besos se parecen al vino...


No puedes ni imaginarte en cuantas cosas se parecen los besos al vino.

Para empezar, existen multitud de bebidas alcohólicas que se usan para pasar el rato entre amigos. Su principal función es emborracharte cuanto antes para dejar de ser quien eres,desfasar y ligar como nunca. Vale, no hace falta que os las presente más en profundidad porque creo que la mayoría las conocéis de sobra. Son vuestras compañeras de fin de semana, y son más baratas y efectivas que el vino a la hora de emborracharte.
Estas amigas se parecen mucho a los besos de alquiler en muchas cosas.
Para empezar se buscan para ser aceptado. Si no tuvieras personas que se arrodillan ante ti cuando das doce besos de alquiler en una noche, no lo harías, al igual que si nadie te convirtiera en miembro de un grupo no te beberías seis cubatas y te fumarias dos porros para acabar toda la noche vomitando y sin acordarte de nada al día siguiente. Puede que aunque nadie opinara sobre tu manera de actuar, o aunque esas opiniones no te importaran si regalarías algún que otro beso de alquiler sólo porque se despertaría en ti una curiosidad parecida a la que siente el que nunca ha bebido y ve como otros se divierten entre copas. Pero lo que tengo muy claro es que ni a nadie le gusta vomitar cada viernes, ni nadie es tan psicópata que se dedica a coleccionar besos sin mensaje. Detrás de ambas acciones, queramos o no está la aceptación social. Pero llegará un momento en que nadie decida por ti, y serás tu el que te enfrentes a la vida, así que más te vale empezar a tener criterio propio. Tener criterio propio no significa que no bebas hasta vomitar, significa que si lo haces sea porque tú tienes razones para hacerlo, pero no porque los adolescentes tengan que irse de botellón.

El vino es más difícil que te emborrache, pero con un buen vino sabes que siempre aciertas. Algo parecido pasa con los besos primitivos ¿no crees? Los besos primitivos no son de esos que sueles ir contando a todo aquel que se cruza en tu camino, son besos más bien privados... Sin embargo un beso con mensaje nunca puede dejar indiferente

Hay casi tantos besos diferentes como imagines, y aunque todavía no me has dicho cual es tu beso especial porque nadie parece reaccionar ante la revolución en el mundo del beso propuesta hace dos capítulos, pocos límites se les pueden poner a los besos. Me llama la atención que con los mismos ingredientes (improvisación y dos bocas que se encuentran), se puedan crear muchos tipos de besos diferentes. Esto es igual que el pan, el chocolate,o que los vinos usando prácticamente los mismos ingredientes obtenemos muchísimas variedades diferentes. Esta variedad hace que sea difícil que exista alguien a quien no le guste ningún tipo. Además según las características propias de cada uno son más apropiados para unas situaciones concretas lo que hace que podamos gozar de su presencia día a día. La variedad rompe la monotonía convirtiendo su degustación en un momento en el que reina la incertidumbre y permitiendo a su creador el añadir el factor sorpresa que provocará una acogida muy interesante. No sé muy bien si hablo de besos o de vinos, porque la verdad es que todo lo anterior se puede aplicar a ambos por igual, así que sigamos con el análisis de semejanzas.

Hay algo que me fascina aún más sobre el vino, el pan y los besos. Además de existir cientos de variedades de cada uno, no queda ahí la cosa. En los tres casos siempre hay un toque personal e intransferible de quien lo crea. Aunque se siga una receta al pie de la letra, dependiendo del cocinero el resultado final es diferente, y por eso nunca puedes cansarte de degustarlos.



Además los grandes vinos son los que se degustan tras años de paciencia. Esto en relación con los besos no debe decir que no se deben dar besos a diario porque serán peores que besos para los que has esperado meses, no pretendo que después de haber encontrado a la persona con la que quieres compartir tus besos la tengas a pan y agua con el objetivo de tener un beso intenso al mes...
En el entorno de los besos esta afirmación no es tan radical. Pueden existir besos intensos a diario. Esta comparación es más bien para aquellos a los que le cuesta mantener la esperanza de que aún quedan personas diferentes, o para aquellos que llevan mucho tiempo esperando un beso que no llega...
Yo creo que es importante recordar que algunas cosas mejoran con el tiempo.

Los besos se parecen a una botella de vino porque son irrepetibles, y aunque vengan de la misma cosecha nunca probarás dos iguales. Los besos se parecen al tapón de corcho que cierra la botella pues son un gran recurso para cerrar conversaciones en las que no hay más palabras que valgan. Las manchas que deja el vino en tu corbata se parecen a las huellas que deja un beso en tu alma. No te vale cualquier vino a cualquier precio igual que no te vale un beso cualquiera y solo te vale su beso.


Después de todo he encontrado también algo en lo que los besos y los vinos no se parecen en absoluto. Las botellas de vino se acaban, en cambio los besos perduran al igual que lo hacen las ganas de besar. Si esta sed muere creo que deberías hacértelo mirar.






 

...Paula


Cuanta reflexión propia.

muerde la vida

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